‘Muy Segura’ entrevista a Alejandro Izuzquiza, recientemente galardonado con el Premio Internacional de Seguros Julio Castelo Matrán.
¿Qué significa para usted la reciente obtención del Premio Internacional de Seguros Julio Castelo Matrán?
Tiene un doble significado.
Por una parte, es el mejor broche de oro para cerrar mis 43 años de trayectoria profesional en el mundo del seguro, y lo es por tres motivos. Para empezar, porque siempre he sentido una profunda admiración por la Fundación Mapfre, por sus variadisimas iniciativas y por las personas que han dirigido la institución y han trabajado en ella. Cuando repaso mi dilatado pasado profesional compruebo que son muchos, y muy importantes y entrañables, los recuerdos de acciones y de personas concretas de la Fundación que me acompañan y que -digamos- siento como que me arropan. Para continuar, porque es el premio más prestigioso del sector asegurador español.
Y, para concluir, por la persona que pone nombre y da origen al premio. Julio Castelo padre, ha sido para mí un referente muy especial. Fue en todos los aspectos un auténtico fuera de serie y yo tuve la inmensa suerte de estar y charlar con él, de disfrutar de su presencia y cercanía, y de que, para colmo, yo le cayera bien (risas). En dos palabras: le venero. Por otra parte, este premio es para mí una prueba más de la inmensa suerte que he tenido a lo largo de estos 43 años, en los que he podido trabajar ininterrumpidamente en el ámbito público al servicio de los intereses generales -que es lo que, por convicción, yo quería hacer-, he podido hacerlo en las dos mejores instituciones públicas que cabía imaginar – la autoridad de supervisión del seguro y el Consorcio de Compensación de Seguros– y, al retirarme por cumplir la edad límite de 70 años, concluyo con este reconocimiento. En serio, tengo una suerte que no merezco.
«Julio Castelo padre, ha sido para mí un referente muy especial».
¿Qué reflexiones clave extrae de su trabajo: “La colaboración público privada en el sistema asegurador español: el Consorcio de Compensación de Seguros y la gestión de las indemnizaciones en el seguro de riesgos extraordinarios”?
Destaco cinco, que considero clave y muy elementales. La primera es que el sistema asegurador español dispone de un valiosísimo activo -el Consorcio de Compensación de Seguros- del que carecen los demás sectores de seguros del mundo. No hay organizaciones aseguradoras públicas ni privadas en el mundo que cumplan tantas funciones complementarias y de apoyo como el Consorcio español, como son la cobertura de los riesgos extraordinarios; el respaldo financiero al sistema español de seguros agrarios; la función de fondo de garantía y de asegurador de vehículos rechazados por el seguro privado en el ámbito del seguro obligatorio de automóviles; la de liquidador de aseguradoras insolventes; o la de “salvavidas” en casos concretos de extrema necesidad, a petición del seguro. Si nos ceñimos a la cobertura de daños por catástrofes, ninguna organización indemniza una relación tan extensa situaciones de catástrofes naturales, ni incluye, además, las derivadas de la acción humana, como los actos terroristas o la violencia tumultuaria; ni alcanza tanto daños personales, incluidos los producidos en cualquier país del mundo, como los daños materiales y las pérdidas pecuniarias o pérdidas de beneficios.
«No hay organizaciones aseguradoras públicas ni privadas en el mundo que cumplan tantas funciones complementarias y de apoyo como el Consorcio español».
La segunda reflexión es que no estamos ante un experimento novedoso. El Consorcio se constituyó con carácter de permanencia en diciembre de 1954 y, desde entonces, ha desarrollado su labor adaptándose a los profundos cambios experimentados por la economía, la sociedad y el seguro de España, y lo ha hecho con éxito contrastado.
La tercera reflexión que quiero destacar es que, en el transcurso de la evolución de esta institución pública, se ha ido consolidando de forma paulatina su perfil colaborativo y no competitivo respecto al seguro privado, hasta llegar a ser, a mi juicio, un modelo incomparable de colaboración público-privada. La capacidad mutua de diálogo y buen entendimiento se han ido plasmando en la gestión diaria de las indemnizaciones y, de forma más que sobresaliente, en ocasiones de máxima exigencia, como la tempestad “Klaus” de 2009 o en la DANA de 2024.
La cuarta es que tenemos en España un instrumento ya experimentado para afrontar las posibles consecuencias del cambio climático; digamos que jugamos con ventaja respecto a los demás sistemas aseguradores mundiales.
La quinta es bastante más que clave: sobre la base de las cuatro consideraciones anteriores, recae sobre los responsables públicos y los directivos del seguro español -tanto los del sector privado como los del público- el deber de conservar y robustecer al Consorcio, y de hacerlo con mesura, manteniendo sus pilares fundamentales y con prevalencia de auténtica “visión de Estado” sobre eventuales apetencias particulares.
«Tenemos en España un instrumento ya experimentado para afrontar las posibles consecuencias del cambio climático; digamos que jugamos con ventaja respecto a los demás sistemas aseguradores mundiales».
¿De qué manera actúa el CCS con el seguro privado? ¿Cuál es el modelo de relación que establece y qué ventajas obtienen de este sistema los damnificados?
El Consorcio es una institución aseguradora pública que da estabilidad al seguro privado, cubriendo riesgos que éste no puede abordar de forma estable, permanente y accesible. Lo hace complementando -nunca compitiendo ni interfiriendo- al seguro privado. Los beneficios de este “plus” de cobertura para quienes resultan damnificados son obvios. Basten dos ejemplos: el Consorcio indemniza a las víctimas de accidentes de circulación producidos por quienes circulan ilegalmente sin el seguro obligatorio o por quienes se dan a la fuga y no pueden ser identificados; y los asegurados españoles tienen en su póliza de seguro, no uno como en resto del mundo, sino dos contratos de seguro: el seguro de los riesgos estándar con la aseguradora privada que hubieran elegido, y el seguro de una extensa lista de riesgos extraordinarios con el Consorcio público. En resumen, el Consorcio añade una importante dosis de protección aseguradora a la que ofrecen las aseguradoras privadas, y lo hace a cambio del pago de unos recargos que, por estar inspirados en el principio de mutualización de todos los riesgos, es muy asequible incluso para quienes están muy expuestos al riesgo de que se trate.
«El Consorcio añade una importante dosis de protección aseguradora a la que ofrecen las aseguradoras privadas».
¿Qué valoración realiza de los desafíos futuros del seguro ante los riesgos sistémicos y climáticos, que crecen año tras año?
Considero que la colaboración y el buen entendimiento que existe en España entre el seguro privado y el seguro público, que se ha ido consolidando a lo largo de este siglo XXI, tanto en el ámbito propio del Consorcio como en el del sistema de seguros agrarios combinados, nos sitúa en una situación envidiable para afrontar esos desafíos.
«La colaboración y el buen entendimiento que existe en España entre el seguro privado y el seguro público nos sitúa en una situación envidiable para afrontar esos desafíos».























































