Jorge Campos: “Nunca es tarde para hacer que un sueño te cambie la vida”

Jorge Campos: “Nunca es tarde para hacer que un sueño te cambie la vida”

Por Jorge Campos Moral (Batería aficionado y, el resto del tiempo, emprendedor y aprendiz de la vida)

Dedicar tiempo a aquello que nos apasiona nos permite desconectar del trabajo, rebajar el estrés y reencontrarnos con la parte más creativa y auténtica de nosotros mismos. No todo en la vida debe ser trabajo; al contrario, encontrar ese espacio propio para disfrutar de nuestras pasiones es lo que nos equilibra, nos recarga de energía y nos recuerda que somos mucho más que nuestra profesión.

Cuando cumplí 50 años decidí dar un paso que llevaba demasiado tiempo posponiendo: aprender a tocar la batería, un instrumento que desde siempre me había fascinado, poder llevar el latido rítmico que sostiene cualquier canción y que para mí era un sueño aparcado en la estantería de las excusas. El tiempo, el trabajo, las obligaciones, el miedo al fracaso… siempre encontraba un motivo para no empezar. Hasta que un día entendí que nunca iba a haber un “momento perfecto” y que, si quería hacerlo, tenía que ser ahora.

Y así fue. Al cumplir 50 años empecé de cero, con toda la humildad del principiante, sin metas y con toda la ilusión de un niño. Lo que nunca hubiera imaginado es a dónde me llevaría esa decisión: a vivir experiencias personales que aún me cuesta creer cuando las recuerdo.

Y es que, hoy, ocho años después, esto se ha convertido, no solo en una afición, sino en algo que ha llenado y cambiado mi vida. Hoy formo parte de Rockin’1000, “La Banda de Rock más grande del mundo”. Sí, has leído bien: mil músicos tocando juntos totalmente sincronizados, compartiendo un mismo latido. Esta afición me ha permitido tener el privilegio de subirme a escenarios de estadios de ciudades como Turín, Venecia, Berlín, Cesena, Leiria o Madrid para tocar ante decenas de miles de personas.

Pero, además, he visto cómo los vídeos de esos conciertos alcanzaban millones de visualizaciones en redes sociales todo el mundo, vídeos que, a buen seguro, te los has cruzado alguna vez, y lo más increíble de todo: lo he vivido desde dentro, sintiendo la fuerza de esa energía colectiva que es imposible describir con palabras.

Rockin’1000 está formado por instrumentistas y cantantes aficionados y profesionales de más de 40 nacionalidades distintas que nos unimos para crear un espectáculo único en el mundo: mil personas tocando rock al unísono, transmitiendo una energía difícil de describir y un espíritu de unión que trasciende cualquier frontera.

Quien ha visto un concierto de Rockin’1000 sabe que es totalmente diferente a los conciertos de otras bandas. Es un espectáculo único de sonido y de luces, pero sobre todo de emoción colectiva. No se trata solo de escuchar a mil músicos interpretando a la vez algunos de los grandes himnos del rock de las grandes bandas que han marcado la historia del rock como Foo Fighters, Nirvana, Queen, AC/DC, The Rolling Stones, The White Stripes, Metallica, Blur, Green Day, Pink Floyd o The Killers, entre muchas otras, sino de sentir cómo cada golpe de batería, cada solo de guitarra o cada voz se funden en una misma vibración que recorre el estadio. Es como si mil corazones latieran al unísono y contagiaran al público una energía que va mucho más allá de la música y que les invita a sumarse y a participar con nosotros. Tenemos experiencia y niveles diferentes, pero allí no hay estrellas individuales ni egos, todos formamos parte de una sola banda gigante, en la que la unión y la pasión, y por supuesto, “el rock”, son los verdaderos protagonistas.

Pero a la vez, no es solo una cuestión de volumen o espectáculo, es, sobre todo, una lección de organización, de profesionalidad, disciplina, compañerismo y de espíritu de unión. Cada ensayo, cada concierto, requiere una coordinación milimétrica. Pero cuando llega el momento, lo que realmente hace que funcione es la colaboración y el sentimiento de pertenecer a algo más grande que uno mismo. El rock nos une, nos iguala y nos recuerda que juntos podemos hacer cosas que parecían imposibles.

Por eso, más allá de las anécdotas, lo que me gustaría transmitir con esta experiencia es un doble mensaje muy sencillo: Por un lado, que nunca es tarde para empezar algo que te apasiona. La edad, las excusas o el miedo al ridículo son solo barreras mentales. Yo empecé a tocar la batería a los 50, y hoy no soy ni seré el mejor baterista, pero puedo decir que no puedo estar más orgulloso de haberlo hecho, porque es algo que me ha cambiado la vida.

Y, por otro lado, que tener una afición o un hobbie no es un simple pasatiempo, sino una auténtica necesidad vital. Dedicar tiempo a aquello que nos apasiona nos permite desconectar del trabajo, rebajar el estrés y reencontrarnos con la parte más creativa y auténtica de nosotros mismos. No todo en la vida debe ser trabajo; al contrario, encontrar ese espacio propio para disfrutar de nuestras pasiones es lo que nos equilibra, nos recarga de energía y nos recuerda que somos mucho más que nuestra profesión.

No importa cuál sea tu sueño: tocar un instrumento, correr una maratón, aprender a pintar, hacer ese viaje con el que sueñas o montar un negocio… Lo importante es dar el primer paso, porque a veces, ese primer paso te abre la puerta a mundos que ni siquiera imaginabas, a conocer gente especial y alucinante que te habrías perdido de no hacerlo y a darte un “chute” de confianza y seguridad en ti mismo.

Yo lo descubrí al ritmo de los tambores, rodeado de otros mil locos maravillosos que aman el rock tanto como yo, muchos de los cuales hoy son mucho más que amigos y con los que espero seguir compartiendo afición y conciertos muchos años más.

Por eso, si tienes un sueño, si quieres algo… ¡Persíguelo! ¡Lucha por ello! Créeme: el sonido de cumplir un sueño es la música más poderosa que existe.