David Heras, ex director general de Hiscox Iberia

David Heras: 18 años, un oasis y una salida coherente

‘Muy Segura’ entrevista a David Heras.

Después de 18 años construyendo Hiscox, David decidió dar un paso al lado. No por una crisis, ni por un desencuentro personal, sino por algo más profundo: la sensación de que su camino y el de la compañía empezaban a separarse. En esta primera parte de la entrevista, cuenta cómo se fraguó esa decisión.

  • El origen del cambio

¿Cómo se empezó a fraguar en ti esa necesidad de emprender un cambio? ¿Qué cosas pasaron y cómo las viviste?

Tenemos que retroceder 18 años, cuando empecé a construir un proyecto súper ilusionante. Lo construí a mi imagen, muy conectado con mis valores y mi manera de ser: desde la alegría. Nos hemos divertido mucho, lo hemos pasado muy bien. Hiscox me dio la libertad de hacerlo así, sin imponerme nada. Siempre quise crear experiencias, visualizar y soñar de forma colectiva. Quería construir un oasis dentro del mundo empresarial, un espacio donde las personas se sintieran protegidas, se sintieran bien, pudieran crecer y desarrollarse. Para mí, el trabajo es una parte muy importante de la vida de una persona, y quería que en esa parte la gente pudiera realizarse.

«Quería construir un oasis dentro del mundo empresarial, un espacio donde las personas se sintieran protegidas, se sintieran bien, pudieran crecer y desarrollarse».

¿Y cómo se equilibra ese “oasis de felicidad” con las exigencias de un negocio?

Siendo consciente, al mismo tiempo, de que también hay que ofrecerle un retorno al inversor. Se trata de equilibrar el oasis de felicidad para las personas —que creo que se percibía hacia fuera— con la rentabilidad. Y funcionó: la compañía crecía a doble dígito, multiplicando por dos cada cinco años, que es el sueño de cualquier inversor, con un engagement altísimo. Cuando cuadras esas dos cosas —el oasis y la rentabilidad—, todo lo que tocas brilla. El equipo brillaba dentro de Hiscox, y hacia fuera, en el mercado, sentíamos que éramos una compañía diferente, que inspiraba a corredores, a clientes, a los medios. Yo estaba así, muy feliz, hasta el punto de que era muy difícil desgajar qué era David y qué era Hiscox.

«La compañía crecía a doble dígito, multiplicando por dos cada cinco años, que es el sueño de cualquier inversor, con un engagement altísimo».

¿Y cómo te sentías con lo que dejabas atrás?

Con profundo a agradecimiento a Hiscox, a todas las personas, a todos mis jefes por haber apostado por mí, y haberme dado la oportunidad y  libertad de crear un proyecto único; seria injusto atribuirme el mérito yo solo: Hiscox me dejo construir un proyecto como yo quería, mis jefes me apoyaron, pude elegir mis personas, y el resultado está ahí: una compañía admirada en el mercado Ibérico, única y autentica. Si preguntas a cualquier persona del sector qué te sugiere la palabra Hiscox, te dirá servicio excelente e innovación. Me siento muy orgulloso del legado, cuando llegue éramos apenas 3 personas y 18 años después se ha multiplicado por 20 su tamaño, reconocidos en el ranking de ADECOSE mas de 10 años seguidos como los mejores y, sobre todo, un equipo feliz. Siento que es mi legado, por eso me fui en paz, con el agradecimiento y el orgullo de haber dejado atrás algo único e irrepetible detrás.

«Hiscox me dejo construir un proyecto como yo quería, mis jefes me apoyaron, pude elegir mis personas, y el resultado está ahí: una compañía admirada en el mercado Ibérico, única y autentica».

¿Qué papel jugó la intuición en todo esto?

Creo que uno de los atributos de un CEO es su intuición. Puedes tener en tu equipo gente muy estructurada, muy estratega, pero hace falta esa intuición: la visualización, marcar un destino. Siempre le decía a mi equipo: vamos a construir un destino que nos guste a todos, vamos a imaginarnos un viaje a diez años y a pintarlo en una pizarra. Disfrutando del viaje, colectivamente. Y ese viaje culminó en 2025, cumpliendo cosas que, diez años atrás, parecían impensables. Pero eso pasó porque hubo intuición, confianza, y un trabajo excepcional detrás.

«Creo que uno de los atributos de un CEO es su intuición».

Hablando de ese equipo, ¿qué te llevas de él?

Decenas y decenas de historias bonitas: personas que llegaron humildemente, con sueldos muy modestos, y se han convertido en grandes profesionales, se han casado, se han comprado su casa, se han construido una vida porque se la han ganado. No hemos ido al mercado a fichar estrellas; hemos construido desde dentro. Y si miras hoy al equipo verás algo muy bonito y equilibrado en cuanto a liderazgo femenino, por ejemplo, que surgió de manera completamente natural, sin buscarlo.

«Si miras hoy al equipo verás algo muy bonito y equilibrado en cuanto a liderazgo femenino, por ejemplo, que surgió de manera completamente natural, sin buscarlo».

¿Cómo empezó a notarse esa “desconvergencia” entre tu camino y el de Hiscox?

El contexto es muy importante porque, como en toda relación, llega un punto en el que sientes que los caminos empiezan a desconverger poco a poco. Y no quiero decir que mi camino sea mejor que el de Hiscox: simplemente, son caminos diferentes. Llevaba quince años enamorado e intenté seguir estándolo, pero llega un momento en que ya no eres capaz. Ni tú, ni Hiscox tampoco. Empecé a aburrirme en las reuniones —hasta se hizo broma en algún momento de que “David estaba en otro mundo”. Pero no quería desconectarme de golpe, porque son muchos años. Así que fue algo gradual, hasta que en las vacaciones de 2025, durante uno de mis viajes, ya estaba mentalmente fuera.

«Y no quiero decir que mi camino sea mejor que el de Hiscox: simplemente, son caminos diferentes».

¿Cómo fue la conversación en la que lo pusiste sobre la mesa?

Muy honesta. Hiscox está en un proceso de transformación, como lo está toda la industria, y no creo que el camino de Hiscox sea incorrecto, para nada. Simplemente, ya no es el mío. Me vi en la situación de ser director general y tener que liderar un cambio del que no era capaz, y al final tengo que ser coherente entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago. Se lo trasladé a mi jefe, chapó por mí jefe que me lo agradeció: dijo que era muy valiente decirlo antes de que el proceso empezara. El resto fue una conversación en la que todo fluyó.

«Me vi en la situación de ser director general y tener que liderar un cambio del que no era capaz, y al final tengo que ser coherente entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago».

¿Y por qué crees que vuestros caminos no podían encajarse?

No es un tema de ruptura, es estructural. Hablamos de la economía de mercado, del capital, de las multinacionales que cotizan en bolsa, cuyos inversores exigen resultados de éxito a través de decisiones que maximizan la rentabilidad, como no puede ser de otra manera. Mi visión va más hacia lo cercano, a lo local. Creo que las multinacionales que no se transformen —que no empoderen a sus equipos locales con mentalidad de startup, dejándoles equivocarse y aprender— en diez años no van a ser reconocibles. El mundo va más hacia la cercanía de los mercados que hacia la globalidad.

«Creo que las multinacionales que no se transformen —que no empoderen a sus equipos locales con mentalidad de startup, dejándoles equivocarse y aprender— en diez años no van a ser reconocibles».

Para cerrar este bloque, ¿qué papel juega la IA en esa transformación que ves venir?

No creo que haya que verla como buena o mala. Nos incomoda y, precisamente por eso, nos obliga a transformarnos. Como decía Darwin: la especie que sobrevive no es la más fuerte ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta al cambio.

«La IA nos incomoda y, precisamente por eso, nos obliga a transformarnos».


  • Te haces pequeñito”: La montaña rusa, los viajes, la rutina, la filosofía

 Hablaste con tu jefe, le dijiste que te comprendía perfectamente, y fue todo a partir de ahí.

Toda mi admiración a mi jefe por facilitarme las cosas, la verdad.

No lo dudo, esa admiración se nota. Entonces, la intriga más grande para mí es: ¿por qué se rompe algo tan estable después de tanto tiempo? ¿Qué ha habido durante estos meses en los que dejas de ser “David de Hiscox” para ser simplemente David? Supongo que al principio estarías de una manera y al final de otra, pero la primera sensación de todos es “¿y ahora qué hago?”

Pues mira, ha sido como una montaña rusa. Momentos de subidón con momentos de estar desubicado, preguntándome qué va a ser de mi vida.

Es como cuando inicias una relación con una persona, que es para toda la vida. Yo siempre lo he pensado así. Los viajes me han ayudado a sanar lo poquito que me quedaba, porque a mí me hubiera encantado poder terminar mi carrera profesional en Hiscox.

«Los viajes me han ayudado a sanar lo poquito que me quedaba».

Me encanta.

Yo creo que hasta 2023 esto era mi amor para toda la vida: acababa mi vida familiar en casa y mi vida profesional en Hiscox, lo veía así. Pero de repente hay que romper ese paradigma. Aunque mi desconexión fue gradual, son 18 años, y hay veces que, siendo humanos, pasas por momentos de enfado con todo.

«Aunque mi desconexión fue gradual, son 18 años, y hay veces que, siendo humanos, pasas por momentos de enfado con todo».

Me gusta mucho esta parte: cuentas que pasas por momentos en los que sientes que las cosas han sido un poco injustas, empiezas a entrar en ese diálogo interno de “con lo bien que podía estar esto, con lo que yo había dado…”

Efectivamente. Pero luego los viajes te ayudan a sanar, a dejar cualquier sentimiento que no sea agradecimiento por haberme dado la oportunidad de crear un legado, de hacer feliz a mucha gente, de no haber tenido, en realidad, que “trabajar”.

Qué bonito.

Decía Confucio: si no quieres trabajar en tu vida, haz algo que te apasione. Pues eso es lo que estaba haciendo. Tantos años y no lo sentía como trabajo.

Los viajes te ayudan a sanar, pero, ¿en qué sentido? ¿Te resetean?

Te sacan de tu entorno, de tu contexto. Estás en la playa, en Indonesia o donde sea, ves una cultura diferente y, sobre todo, en Indonesia conectas con un mundo mucho más espiritual. Ves a personas felices con muy poco y te reconectas mucho más con tu ser. Y también, entre viaje y viaje, he ido cumpliendo algún sueño, cosas que quería incorporar a mi vida. El otro día me puse a contar los días que había estado fuera de casa y me di cuenta de que estaba más fuera que dentro. Y cuando llegas a casa y sigues tu rutina normal, a veces te sientes un poco… pequeño. Porque estás acostumbrado a un lugar donde todo el mundo te admira, donde tienes entrevistas, donde lideras, donde estás en una especie de burbuja con comité de dirección y comité europeo y, de repente, eres simplemente tú, David. Y te haces pequeñito. Tienes dudas incluso de ti mismo: ¿realmente soy tan bueno como parecía que era? Tienes dudas de si vas a ser capaz de volver a hacer lo que ya has hecho.

«El otro día me puse a contar los días que había estado fuera de casa y me di cuenta de que estaba más fuera que dentro».

Le entran dudas hasta a la persona más consolidada, con muchos años de experiencia.

Sí, sí. Y de repente te haces pequeño. Pero luego, no sé, te llama alguien y te ofrece un trabajo potentísimo, y te vienes arriba.

Claro, ese es el momento de las ofertas.

Eso también ayuda, porque es la recompensa real por un trabajo bien hecho. Pero ha habido muchos momentos de soledad también, porque he estado bastante desconectado. De hecho, me ha venido muy bien escribir artículos en LinkedIn, donde compartía mi estado de ánimo, lo que sentía, mis viajes. Cuando escribía y luego llegaba la cantidad de mensajes y llamadas, eso también me subía el ánimo un poco, entiendo que por la propia montaña rusa: momentos en los que estás solo y, de repente, momentos de subidón.

«Ha habido muchos momentos de soledad también, porque he estado bastante desconectado. De hecho, me ha venido muy bien escribir artículos en LinkedIn, donde compartía mi estado de ánimo, lo que sentía, mis viajes».

Eso que acabas de mencionar es muy importante: esa serie de publicaciones en LinkedIn.

Los he estado leyendo y pensé: esto me da para un libro.

Ahí te dejo la idea…

Sí, escribiré un libro, seguro. Habrán sido unos 12-14 artículos, y además eran profundos. Los artículos me han venido muy bien. Aparte, he mantenido durante todo este tiempo mi rutina: levantarme con el sol, escribir, leer, y hacer ejercicio todos los días.

¿Qué tipo de lecturas? ¿Negocios o algo más espiritual?

Nada de negocios. Me gusta mucho la filosofía y la historia. Lo de la autoayuda ya lo he dejado un poco atrás, aunque de vez en cuando me leo algo. Pero leo más el trasfondo de todo eso, que es la filosofía.

Creo que la autoayuda y los grandes comunicadores son fantásticos, pero son la superficie. Lo profundo es la filosofía: desde Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras, hasta Nietzsche. A mí me atrae de verdad ese fondo de sabiduría, que también te lleva a la historia. Pensaban muy bien porque tenían muy poco ruido. Ojalá los políticos fueran filósofos —pero no lo son—. La obsesión de Platón era encontrar el mejor modelo de gobierno, y creo que lo consiguió a nivel de diseño; lo que pasa es que no se pudo implementar: estaba basado en personas sin ningún interés económico, cuya única vocación era el servicio a la sociedad. El modelo era magnífico, pero el ser humano muchas veces tiene un punto de tiranía, de ego, de soberbia. Él lo intentó implementar en Siracusa, pero no pudo.

«Creo que la autoayuda y los grandes comunicadores son fantásticos, pero son la superficie. Lo profundo es la filosofía»

¿Y qué deporte haces a diario?

He estado corriendo muchísimo, me encanta correr, alternado con trabajo de fuerza. Luego yoga, y también estoy haciendo pilates.

Qué bien.

Oficial de mucho, maestro de nada. Alterno la carrera con un poco de trabajo de fuerza.

¿Y qué significa para ti reflexionar?

Yo creo que he tenido que deshacer cosas para volver a hacerlas. Muchas veces para aprender hay que desaprender, porque cuando tienes la mochila llena y desordenada, lo nuevo no entra. Por lo tanto, tienes que soltar. Y he tenido que deshacer la mochila, soltar muchas cosas, deshacer mucho y volver ordenarla, como hago en el Camino de Santiago cada día.

«Muchas veces para aprender hay que desaprender, porque cuando tienes la mochila llena y desordenada, lo nuevo no entra».

Claro, muchas veces es más fácil deshacerlo y volver a reconstruirlo.

Desde el cariño, ¿no? Desde la admiración por lo que he hecho. No diciendo “esto no servía, esto tampoco”, sino “esto ya lo he pasado, tengo que seguir”. Entonces, ¿qué he decidido que me acompañe en la siguiente etapa? Mira, lo primero: la alegría, la ilusión, la pasión, mi energía, la intuición, toda esa parte de vivir, la generosidad, hacer que otras personas puedan desplegar su potencial, la innovación, el acompañamiento… todo eso sigue, incluso mis despistes.

¿Qué deseas dejar atrás?

Pues mira, muchas veces los que estamos en este tipo de posiciones, aunque lo neguemos, somos un poco controladores.

Vale, buen punto.

Me gustaría, en mi nueva versión, soltar más, dar más espacio y, sobre todo, fluir más. No apegarme a que las cosas pasen como yo quiero, porque al final no tienen por qué pasar así. Y sobre todo, es soltar un poquito de ego.

Ego, ¿verdad? Algo que, en mayor o menor medida, siempre está presente en un líder.

Yo creo que el nuevo líder que emerge es mucho más observador, más silencioso, más filosofo, mucho más reflexivo, deja más espacio para otros. Interviene menos en las cosas y solo cuando es necesario.

Eso es poner el listón muy alto…

Las personas que me rodeen… voy a intentar que perciban eso. Muchas veces dicen que un buen director general es aquel que está en más silencio, que es más observador, que sobre todo deja al equipo llevar el ritmo. Y su única intervención es cuando algo se desvía o hay algo complejo: ayudar a ordenar el pensamiento del grupo.

Muy bien. Y para eso, claro, tienes que tener un entorno que acompañe. Entonces entramos en el siguiente bloque.


  • «Lo solté para volver a elegirlo«: Hacia dónde voy

Tú puedes tener buenos propósitos, objetivos, una visión… pero no te vale el primero que pase por delante si no cumple con lo que buscas. Y en todo este tiempo, lógicamente, te han aparecido grandes tentaciones —ofertas de una multinacional, etc.— justo en el mismo momento.

Porque eso lo tengo claro. Y es coherencia.

Otra vez la coherencia, que no falla. Mucha intuición, coherencia, dejar el control… esto es un aprendizaje, me estás dando una sesión de coaching disfrazada de entrevista.

Yo estaba preparando esta entrevista y pensando… y sí que es cierto que tengo un ancla emocional. Una de las cosas de las que sigo enamorado es del sector. De las pymes, de lo que hay, de las personas que están detrás de cada negocio. Por lo tanto, sobre mi futuro, todo apunta a que voy a volver a elegir el sector. Lo he vuelto a elegir. Pero lo he soltado antes, para volverlo a elegir.

Me encanta, así lo has elegido con total seguridad.

Correcto. Y esto es como cuando te preguntas “¿de qué me quiero enamorar?”. Pues del sector asegurador. Y quiero que sea un contexto en el que pueda tener mentalidad de emprendedor, de startup: creatividad, innovación, difusión.

El otro día, uno de los grandes headhunters de este país se aproximó a mí para ofrecerme un puesto de liderazgo en una multinacional. Y me dice: “bueno, ¿y tú qué buscas?”. Y yo le digo: te voy a decir lo que no quiero. No quiero estar de reunión en reunión y aburrirme, sin aportar valor, entrando en una espiral sin sentido. Quiero que todas y cada una de las reuniones sean divertidas y sienta que aporto valor.

Que no me sienta desubicado, preguntándome “¿qué hago yo aquí?” —que es algo que en mi última etapa me pregunté muchas veces—. Entiendo que la componente política en las empresas es necesaria, pero tiene que ser muy poca. En el mundo de la multinacional es al revés: cada vez es mayor, y eso no te deja desplegar todo tu potencial. El proyecto que viene será uno en el que me divierta, con la parte política existiendo pero moderada. ¿Y qué más? Quiero rodearme de buenas personas, y quiero que allá donde vaya también las haya. Personas normales, con ilusión, con ganas. Y traer un poco de emoción e ilusión allá donde vaya, que contagie de forma positiva a la organización. Y no mucho más: un proyecto equilibrado.

Que me dejen equilibrar las fuerzas entre lo que le aporto al mercado, lo que le aportamos al equipo, y lo que les aportamos a los inversores. Obviamente, un proyecto no tiene sentido si no da retorno —eso es importantísimo— pero el retorno tiene que estar medido, no “más, y más, y más”.

“¿De qué me quiero enamorar?”. Pues del sector asegurador. Y quiero que sea un contexto en el que pueda tener mentalidad de emprendedor, de startup: creatividad, innovación, difusión».

¿Te marcas un horizonte temporal para decir “ya vuelvo”?

Sabía que ibas a hacerme esa pregunta. No hay nada que contar, salvo que estoy disfrutando un momento único en mi vida, pasando más tiempo con mi familia, viajando y pasando más tiempo conmigo mismo. No preveo que pase nada en el corto plazo, quizás entrando otoño pueda decirte algo diferente. Te aseguro que cuando llegue ese momento lo contaré.

Perfecto, hasta ahí puedo ver. Te comprendo, te felicito y te lo agradezco. Lo que espero es tener noticias buenas relativamente pronto, porque tienes mucha energía para decir “ya estoy”.

Ya veremos, ya veremos… :-).