Redacción ‘MS’- El Instituto de Actuarios de España (IAE) celebró un evento institucional en el que lanzó un mensaje claro y ambicioso: la profesión actuarial tiene hoy más relevancia que nunca, y su futuro depende del compromiso y la involucración entre los actuarios y su colegio profesional.
En un encuentro que reunió a actuarios de distintos ámbitos, el presidente del Instituto, Fernando Ariza, presentó un decálogo de compromiso mutuo —cinco aportaciones del Instituto a sus miembros y cinco compromisos que los colegiados pueden devolver a su institución—, mientras que Javier Olaechea, director general del IAE, dio a conocer una nueva propuesta de valor centrada en reforzar la influencia regulatoria, la protección del ejercicio profesional, las certificaciones actuariales y la formación continuada. La clausura del evento corrió a cargo de José Antonio Fernández de Pinto, Director General de Seguros y Fondos de Pensiones del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.
El evento se enmarca en una coyuntura de transformación acelerada para el sector asegurador y financiero, con cambios regulatorios constantes, nuevos riesgos emergentes y una exigencia creciente de rigor técnico y responsabilidad social. Ante este escenario, el Instituto subrayó su papel como garante de la excelencia profesional, pero también como motor de relevancia pública para la profesión y la ciencia actuarial en España y en el ámbito internacional.
Un decálogo inspirador: un compromiso de ida y vuelta
Durante su intervención, Fernando Ariza recordó que pertenecer al Instituto es mucho más que una adhesión formal: es formar parte de un proyecto colectivo que protege, impulsa y representa a la profesión. Su decálogo, inspirado en la conocida idea de Kennedy (“no preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país”), planteó un equilibrio esencial: el Instituto crece cuando sus colegiados crecen, y los colegiados ganan fuerza cuando construyen juntos un Instituto más influyente y útil para la sociedad.
En este sentido, desgranó las cinco líneas de actuación que el Instituto puede hacer por sus colegiados:
- Respaldar la práctica profesional con rigor y protección real, con estándares técnicos, profesionales y deontológicos, ofreciendo un marco institucional que protege el ejercicio profesional, como un sello de calidad que distingue a los actuarios colegiados.
- Conectar a cada actuario con una comunidad sólida y diversa, haciéndoles pertenecer a una red intergeneracional y plural que comparte conocimiento, experiencia y visión, que permiten crecer con apoyo colectivo y multiplicar oportunidades laborales y académicas.
- Proyectar al colegiado en la comunidad actuarial internacional, en formando parte de una comunidad actuarial global y accediendo a un reconocimiento profesional que facilitan movilidad, prestigio y aprendizaje continuo.
- Impulsar la cualificación con formación de vanguardia, reforzando la excelencia a través de la Escuela de Práctica Actuarial y Financiera (EPAF), facilitando el acceso continuo a contenidos de alta calidad en regulación, solvencia, sostenibilidad, ciencia de datos o nuevas tecnologías aplicadas al riesgo.
- Potenciar la empleabilidad, el liderazgo y la visibilidad profesional, con oportunidades laborales, programas de mentoring, certificación de formación continuada CPD, acreditaciones internacionales y oportunidades de participación en comités, observatorios y publicaciones, ayudando a los colegiados a encontrar oportunidades de crecimiento personal y profesional y a consolidarse como referentes en su campo.
Y recordaba a los colegiados cómo poder contribuir a hacer más grande la profesión y al Instituto:
- Construir una profesión con propósito, valores y prestigio social, con un compromiso ético y técnico que tenga un alto impacto social por quienes la ejercemos.
- Modelar el futuro desde el conocimiento actuarial, participando y compartiendo en investigaciones y trabajos que transformen la ciencia actuarial en soluciones para retos reales: longevidad, estabilidad financiera, previsión social, sostenibilidad o nuevos modelos de riesgo. Contribuir al conocimiento es asegurar que la profesión actuarial siga liderando los debates clave de nuestro tiempo.
- Formar parte activa de la transformación continua de la profesión, contribuyendo desde el Instituto en el desarrollo de estándares, documentos técnicos y propuestas normativas, haciendo que la voz de la profesión actuarial esté presente allí donde se influye.
- Ser embajadores de una profesión rigurosa, humana y proactiva, aportando rigor técnico, pero también confianza, visión a largo plazo y responsabilidad social, desde la empresa, la universidad, la sociedad, y la vida pública. Hacer visible al Instituto de Actuarios de España, hacemos más fuerte a la profesión y a nosotros como sus profesionales.
- Dejar huella y construir legado, concienciándonos que lo que construyamos hoy será el legado actuarial del mañana, y siendo colegiados, apostamos por una profesión que querríamos que ejerciesen nuestros hijos.
Nueva propuesta de valor
A continuación, Javier Olaechea presentó la nueva propuesta de valor del Instituto, concebida para reforzar lo que realmente da sentido a la institución en un entorno cambiante. En ella destacó especialmente la influencia y participación en el ámbito regulatorio nacional e internacional, que es un valor esencial y a menudo poco visible: el trabajo institucional que permite que la profesión esté presente en la elaboración de normativas y decisiones que condicionan el ejercicio profesional de los actuarios. Esta participación e influencia, en España y en Europa, es la base sobre la que se construyen la estabilidad, la reputación y el futuro de la profesión.
Junto a este eje estratégico, la nueva propuesta de valor incorpora mejoras especialmente tangibles para el colegiado, como una nueva cobertura de Responsabilidad Civil Profesional (RCP) para los todos los colegiados a partir de su quinto año, reforzando así la seguridad del actuario en su práctica diaria, en todas las reservas profesionales de actividad, incluido los Informes Especiales de revisión del ISFS/SFCR; las nuevas acreditaciones como Actuario Distribuidor de Seguros Nivel 1 (autorizada por la DGSFP) y Certified Data Science Actuary (Upro), que complementan otras certificaciones internacionales como CERA. Se destacó especialmente la formación continuada como columna vertebral, a través de la Escuela de Práctica Actuarial y Financiera y de las plataformas Actuview y Conecta+, con las que se consolida un ecosistema de aprendizaje permanente, adaptado a los retos actuales: Solvencia II, IFRS 17, sostenibilidad, IA, gobierno corporativo y nuevos riesgos emergentes.
Una voz propia y un futuro compartido
El evento concluyó con una idea compartida: el Instituto de Actuarios de España afronta esta nueva etapa con la convicción de que solo una profesión cohesionada puede ser realmente influyente, y que el fortalecimiento de los colegiados y del Instituto aumentan la relevancia pública de la profesión y aseguran que la profesión siga siendo imprescindible para la sociedad.
“Colegiarse es necesario, porque es contribuir a que el Instituto avance, y cuando el Instituto avanza, avanza cada actuario. Y cuando cada actuario se implica, el Instituto se convierte en la voz sólida, técnica y respetada que la profesión y el sector necesitan”, concluyó Fernando Ariza.
































































