Redacción Muy Segura.- Cuando una mujer recibe un diagnóstico de cáncer de mama, la alimentación puede convertirse en una fuente más de dudas: qué comer, qué evitar, cómo mantener el apetito o qué hacer cuando aparecen náuseas, cambios en el sabor o dificultades digestivas.
Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, que se conmemora el 19 de octubre, la Fundación Clínica Menorca recuerda que una alimentación adecuada puede ayudar a mantener la energía, conservar la masa muscular y mejorar la calidad de vida durante el proceso oncológico, siempre como complemento y nunca como sustituto del tratamiento médico.
Desde el Departamento de Nutrición de Clínica Menorca insisten en que no existe una pauta única válida para todas las pacientes. Las necesidades pueden cambiar a lo largo del tratamiento y deben adaptarse al estado general, la tolerancia y las circunstancias de cada mujer.
Comer suficiente también forma parte del cuidado
Una alimentación equilibrada puede incluir verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, huevos, carnes magras, frutos secos y aceite de oliva virgen extra. Pero durante un tratamiento oncológico hay una prioridad añadida: garantizar un aporte suficiente de energía y proteínas.
Por ello, la Fundación desaconseja iniciar dietas restrictivas por iniciativa propia o eliminar grupos completos de alimentos sin indicación profesional. Cuando existen pérdida de peso, falta de apetito o cansancio intenso, puede ser necesario adaptar las cantidades, aumentar el aporte calórico o recurrir a preparaciones más fáciles de tolerar.
También recuerdan que comer no debería convertirse en una fuente adicional de presión. Mantener el placer de la comida, compartirla con otras personas o recurrir a alimentos que resulten apetecibles puede ayudar a mejorar la relación con la alimentación en momentos especialmente delicados.
Adaptarse a los efectos del tratamiento
Las náuseas, la falta de apetito, los cambios en el sabor, las molestias digestivas o las dificultades para tragar pueden hacer más difícil comer con normalidad.
En esos momentos, pueden resultar útiles medidas sencillas como repartir la comida en varias tomas, elegir preparaciones suaves, recurrir a cremas o purés cuando se toleren mejor y mantener una hidratación adecuada.
Si comer o beber se vuelve difícil, existe pérdida de peso involuntaria o los síntomas persisten, la recomendación es consultar con el equipo sanitario para valorar las medidas más adecuadas en cada caso.
Cuidado con las dietas sin evidencia
La Fundación Clínica Menorca advierte también sobre las recomendaciones sin base científica que circulan en torno al cáncer y la alimentación.
Dietas alcalinas, ayunos, dietas cetogénicas o la eliminación de determinados alimentos no deben plantearse como tratamientos contra el cáncer. Del mismo modo, suplementos vitamínicos, preparados herbales o productos anunciados como “anticancerígenos” pueden interferir con algunos tratamientos, por lo que su uso debe consultarse siempre con el equipo médico.
La clínica recuerda además que no existe una recomendación general para eliminar los lácteos, salvo que exista una indicación concreta o problemas de tolerancia.
Cuidarse sin añadir más angustia
Durante un proceso oncológico, la alimentación debe ser una herramienta de apoyo y no una nueva fuente de exigencia.
La Fundación Clínica Menorca reivindica así un enfoque basado en la adaptación, el acompañamiento y la individualización: habrá momentos en los que sea posible mantener una alimentación muy variada y otros en los que la prioridad será simplemente comer lo suficiente y evitar la pérdida de peso.
Esta visión forma parte de una trayectoria más amplia de la Fundación en el acompañamiento a mujeres con cáncer de mama, con iniciativas que desde hace años combinan información, ejercicio físico, bienestar y apoyo a la investigación.



