Por Mª Jesús Álava Reyes, presidenta de Apertia-Consulting y de la Fundación María Jesús Álava Reyes. También dirige el Centro de Psicología Álava Reyes y el Instituto de Bienestar Psicológico y Social.
Con frecuencia nos encontramos con personas que se consideran a sí mismas grandes líderes; sienten que poseen competencias, habilidades y características que las distinguen de la mayoría, y pueden llegar a creer que tienen un poder importante sobre quienes las rodean.
Sin embargo, el auténtico líder es la persona que saca lo mejor de todos los que estamos a su alrededor, que potencia nuestras cualidades, nos ayuda a superar los déficits que presentamos, y lo hace en un marco de alegría, de magnetismo, de seguridad personal, de equilibrio emocional y de positividad.
Hoy intentaremos profundizar en las características de las personas líderes, en cómo actúan y cuáles son sus principales señas de identidad. Igualmente, sabemos que hay líderes negativos, que pueden influir de forma peligrosa en quienes los rodean, y que nos conviene saber cómo identificarlos y distinguirlos de los líderes positivos, que podríamos definir como democráticos.
¿Cuáles son las principales características del líder?
El líder tiene un profundo conocimiento de sí mismo, sabe encauzar sus emociones, nunca pierde la calma, aunque esté en medio de situaciones de tensión; sobresale por su capacidad de observación y de empatía con los demás; se relaciona sin dificultad, incluso con personas complicadas; logra motivarnos en periodos difíciles; se muestra seguro ante la adversidad; encuentra alternativas en momentos de dificultad; es positivo, optimista y tiene autoridad moral.
Otra característica esencial del líder es su compromiso y su coherencia.
¿Los líderes manipulan?
Si lo hacen, no son auténticos líderes. Recordemos que liderar es influir en los otros, no manipular a los que tienen a su alrededor.
Nadie debería dejar que sus decisiones dependan de otra persona, por muy líder que fuera.
El verdadero líder consigue que todos se sientan partícipes y protagonistas de lo que hacen, que defiendan sus opciones, pero que lo hagan siempre desde la flexibilidad y abiertos a nuevos aprendizajes.
¿Hay líderes sociales?
Por supuesto que sí. En el ámbito más cercano son las personas que tienen un “imán”, que logran seducir a los que están a su alrededor, que resultan siempre los más simpáticos, ocurrentes y divertidos, de tal forma que todos quieren estar a su lado.
A nivel general, son los líderes que consiguen “conectar” con muchas personas, que parecen encarnar los principios aceptados por la mayoría, que logran transmitir entusiasmo, que devuelven la esperanza y generan ilusión entre sus seguidores.
En el medio familiar, ¿cómo descubrimos a los auténticos líderes?
Los reconoceremos por su capacidad de influir positivamente en los demás, de facilitar el entendimiento y la concordia entre los distintos miembros de la familia.
El líder familiar logrará desactivar tensiones y alcanzar puntos de encuentro beneficiosos para todos.
Por el contrario, el familiar que es tirano, que actúa desde la exigencia y el autoritarismo, nunca será un líder, aunque podrá abusar de cierto poder, en función del lugar que ocupe en la familia; por ejemplo, el padre inflexible y dogmático, que tiene atemorizados a sus hijos, o el familiar “rico”, del que dependen económicamente algunos miembros del núcleo familiar, y que abusa del estatus que tiene. Estos casos no son ejemplos de personas líderes, son personas tiranas, déspotas y rígidas, que abusan de su estatus y que sólo generan tensión, malestar e inseguridad en quienes están en su entorno.
¿Hay líderes negativos?
Sí que hay líderes negativos, aunque no tendríamos que llamarlos líderes, pues no tienen esas cualidades positivas que hemos mencionado, pero ejercen una influencia muy negativa sobre determinadas personas.
Aquí podríamos destacar, por ejemplo, al típico líder negativo al que siguen muchos jóvenes o adolescentes, que sobresale por su capacidad para transgredir las normas, que no respeta una escala mínima de valores y que incita a los miembros del grupo a cometer actos que pueden ir contra ellos mismos (consumo de determinadas sustancias) o contra los demás (comisión de actos delictivos o cargados de agresividad).
A estos mal llamados líderes los identificaremos por su carencia absoluta de ética; por sus actuaciones llenas de manipulación; por sus objetivos de adoctrinamiento y de anulación de las personas que los siguen; por su carga de agresividad y su falta de aceptación de las normas sociales y de convivencia más elementales.
El líder negativo intenta anular la voluntad de los otros, no respeta su idiosincrasia y justifica actuaciones que pueden resultar nocivas, incluso vejatorias y hasta humillantes para sus seguidores, o para sus supuestos “enemigos”.
Por el contrario, Blake y Mouton nos exponen las características del líder democrático.
CUALIDADES DEL LÍDER DEMOCRÁTICO
(Según Blake y Mouton)
1.- Sabe qué hacer, sin perder la tranquilidad. Todos pueden confiar en él en cualquier emergencia.
2.- Nadie es marginado o rechazado por él. Al contrario, sabe actuar de tal forma que cada uno se sienta importante y necesario.
3.- Se interesa por el bien del grupo. No usa el grupo para intereses personales.
4.- Siempre está dispuesto a escuchar.
5.- Se mantiene calmado en los debates, sin permitir que se abandone el deber.
6.- Distingue bien la diferencia entre lo falso y lo verdadero, entre lo profundo y lo superficial, entre lo importante y lo accesorio.
7.- Facilita la interacción del grupo. Procura que el grupo funcione armoniosamente, sin dominación.
8.- Piensa que el bien siempre acaba venciendo el mal. Jamás se desanima ante la opinión de aquellos que sólo ven peligros, sombras y fracasos.
9.- Sabe prever, evitar la improvisación. Piensa hasta en los menores detalles.
10.- Cree en la posibilidad de que el grupo sepa encontrar por sí mismo las soluciones, sin recurrir siempre a la ayuda de otros.
11.- Da oportunidades para que los demás evolucionen y se realicen. Personalmente, proporciona todas las condiciones para que el grupo funcione bien.
12.- Hace actuar. Toma en serio lo que debe ser hecho. Obtiene resultados.
13.- Es agradable. Cuida su apariencia personal. Sabe conversar con todos.
14.- Dice lo que piensa. Sus acciones se corresponden con sus palabras.
15.- Afronta las dificultades. No huye ni descarga el riesgo en los demás.
Reflexión final
En cierta medida, todos podemos ser líderes si nos empeñamos en dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, aunque hay personas que nacen con determinadas habilidades o competencias que les facilitan su liderazgo posterior.
No obstante, recordemos que podemos ser buenos en lo que hacemos. La diferencia es que el auténtico líder no es bueno, es brillante.























































