Dra. María José Crispín, médica nutricionista de Clínica Menorca

Dra. María José Crispín: «El problema no son los GLP-1, sino cómo los estamos utilizando»

Redacción Muy Segura.- Los medicamentos basados en GLP-1 han transformado el tratamiento de la obesidad y han permitido alcanzar pérdidas de peso clínicamente relevantes. Su incorporación a la práctica clínica abre, sin embargo, otro debate: no solo qué resultados pueden conseguir, sino cómo deben utilizarse y qué seguimiento necesita cada paciente.

Para la Dra. María José Crispín, médica nutricionista de Clínica Menorca, el problema no reside en estos medicamentos, sino en determinadas formas de utilizarlos y, especialmente, en la ausencia de un seguimiento adecuado.

«Los GLP-1 son una revolución positiva y han venido para quedarse. Tenemos ya millones de pacientes tratados y una experiencia clínica suficiente para saber que son medicamentos eficaces y seguros cuando están bien indicados y supervisados. Lo que puede enturbiar su imagen es utilizarlos mal o no acompañarlos del seguimiento que necesitan», afirma.

No son medicamentos para adelgazar y desaparecer

La especialista cuestiona que estos tratamientos se contemplen exclusivamente como una herramienta destinada a conseguir una pérdida rápida de peso.

«El planteamiento no debería ser: cuánto peso puede perder este paciente y en cuánto tiempo. La obesidad es una enfermedad crónica y el tratamiento debería plantearse a largo plazo, como hacemos con la hipertensión, el colesterol elevado o la diabetes», explica.

Desde esta perspectiva, el tratamiento no debería limitarse a alcanzar una determinada cifra en la báscula, sino plantearse dentro del abordaje de la obesidad como enfermedad crónica y de las alteraciones metabólicas y cardiovasculares asociadas a ella.

«Estos medicamentos no deberían utilizarse simplemente para adelgazar. Estamos tratando la causa de muchas patologías metabólicas y cardiovasculares: la obesidad. Por eso creo que estamos ante una revolución terapéutica», añade.

Para Crispín, el objetivo debe ser encontrar la dosis adecuada para cada paciente, atendiendo a su respuesta, tolerancia y evolución, dentro de la pauta establecida y bajo supervisión médica.

«Subir y subir la dosis no puede ser el objetivo»

Uno de los aspectos sobre los que llama especialmente la atención es la interpretación del escalado de dosis.

En el caso de Wegovy (semaglutida), la información europea del medicamento establece un incremento progresivo de la dosis desde 0,25 mg durante un periodo de 16 semanas hasta alcanzar la dosis de mantenimiento de 2,4 mg semanales. Además, contempla retrasar el escalado o reducir temporalmente a la dosis anterior ante síntomas gastrointestinales significativos. La información actualmente autorizada recoge también, para determinados adultos con obesidad, la posibilidad de aumentar posteriormente hasta 7,2 mg semanales cuando resulte necesario.

En Mounjaro (tirzepatida), el tratamiento comienza con 2,5 mg semanales durante cuatro semanas y pasa posteriormente a 5 mg. A partir de ahí, el médico puede incrementar la dosis en intervalos de 2,5 mg —hasta 15 mg semanales en adultos— cuando sea necesario, manteniendo cada dosis durante al menos cuatro semanas. La información europea especifica que la elección debe considerar la respuesta y la tolerabilidad del paciente.

Sobre esta cuestión, la Dra. Crispín señala:

«La ficha técnica establece las dosis autorizadas y el calendario de escalado, pero eso no significa que todos los pacientes tengan que llegar a la dosis máxima. Hay pacientes que responden perfectamente con dosis mucho menores. ¿Por qué subir entonces si están perdiendo peso, se encuentran bien y toleran el tratamiento? Se trata de encontrar la dosis eficaz para cada paciente y mantenerla mientras siga siendo eficaz y bien tolerada».

Cuando los efectos secundarios condicionan la percepción del tratamiento

Las náuseas, los vómitos y la diarrea se encuentran entre los efectos adversos gastrointestinales asociados a estos tratamientos y pueden aparecer especialmente durante el periodo de escalado. En el caso de semaglutida, precisamente, la pauta progresiva pretende reducir la probabilidad de estos síntomas y mejorar la tolerabilidad.

Para Crispín, una mala tolerancia puede afectar además a la percepción que el propio paciente desarrolla sobre el tratamiento.

«Hay pacientes que llegan a sentirse francamente mal: náuseas, arcadas, vómitos, diarreas, malestar general… Y eso no solo afecta físicamente. También afecta psicológicamente. Un paciente que está permanentemente encontrándose mal puede acabar pensando que el medicamento es malo para él o que no puede continuar».

«Estamos ante medicamentos extraordinariamente útiles. No podemos permitir que una mala utilización o la falta de seguimiento genere una imagen negativa de ellos», sostiene.

La pregunta clave: ¿quién acompaña al paciente?

Para la especialista, el seguimiento constituye uno de los aspectos esenciales del tratamiento.

«Si al paciente se le prescribe el medicamento, ¿quién le explica cómo debe alimentarse?, ¿quién controla si está comiendo suficiente?, ¿quién le ayuda cuando aparecen molestias digestivas?, ¿quién valora si debe continuar subiendo la dosis?, ¿quién le enseña qué hacer cuando ha perdido el peso que necesitaba perder?».

Crispín defiende que el tratamiento farmacológico debe acompañarse de intervención nutricional, alimentación adecuada y actividad física, y que la disminución del apetito no debe interpretarse simplemente como una invitación a dejar de comer.

«El fármaco y el seguimiento nutricional tienen que ir de la mano. Si únicamente damos el medicamento y esperamos que el paciente adelgace, estamos desaprovechando una herramienta terapéutica enorme», explica.

Retatrutida: la siguiente generación ya está en investigación

Este debate adquiere una nueva dimensión con el desarrollo de retatrutida, un agonista triple de los receptores GIP, GLP-1 y glucagón que actualmente continúa en investigación para el tratamiento de la obesidad y otras enfermedades asociadas.

Los resultados comunicados hasta ahora en fase III han mostrado pérdidas de peso relevantes. En el estudio TRIUMPH-1, las personas tratadas con 12 mg experimentaron una reducción media del 28,3 % de su peso corporal a las 80 semanas. En una extensión preespecificada del estudio entre participantes con un IMC inicial igual o superior a 35, la reducción media alcanzó el 30,3 % a las 104 semanas.

Otros ensayos de fase III han obtenido resultados diferentes según la población estudiada. En TRIUMPH-4, realizado en personas con obesidad o sobrepeso y artrosis de rodilla sin diabetes, la reducción media llegó al 28,7 % a las 68 semanas con 12 mg.

Estos resultados son prometedores, pero retatrutida sigue siendo un medicamento en investigación y todavía no cuenta con autorización regulatoria. Por tanto, los datos disponibles no permiten trasladar sus resultados directamente a la práctica clínica ni establecer sin comparaciones adecuadas una superioridad frente a semaglutida o tirzepatida.

¿Y si el futuro no consiste solo en medicamentos más potentes, sino en utilizarlos mejor?

La evolución de estos tratamientos ha llevado desde los agonistas GLP-1 hasta los agonistas duales y, ahora en investigación, los triples. Pero para la Dra. Crispín, el avance terapéutico no debería medirse únicamente por el porcentaje de peso perdido.

«La pregunta no es cuánto peso puede hacer perder un medicamento, sino cuánto necesita perder cada paciente para mejorar su salud y qué tratamiento necesita para conseguirlo y mantenerlo».

El reto, señala, consiste en evitar que la búsqueda de tratamientos cada vez más eficaces haga olvidar que la obesidad se trata en personas y no únicamente en cifras de una báscula.

«Más dosis no significa necesariamente mejor tratamiento. Más pérdida de peso tampoco significa necesariamente mejor resultado. Lo que necesitamos es medicina personalizada: el medicamento adecuado, en la dosis adecuada, durante el tiempo adecuado y acompañado de nutrición y ejercicio».

Para la especialista, los GLP-1 no constituyen una moda pasajera, sino una nueva herramienta dentro del tratamiento a largo plazo de la obesidad como enfermedad crónica.