Redacción Muy Segura.- Sequedad persistente, tirantez, enrojecimiento, picor o una mayor reactividad frente a cosméticos habituales pueden ser algunas de las señales de que la barrera cutánea se encuentra alterada. Rocío Lajarín, CEO de Alma Secret y doctora cum laude en Farmacia, explica cómo identificar estos signos y qué hábitos pueden ayudar a recuperar el equilibrio de la piel.
La barrera cutánea constituye la capa más superficial de la piel y desempeña una función esencial para conservar su hidratación y protegerla frente a diferentes agentes externos. Las ceramidas, lípidos presentes en esta barrera, contribuyen a mantener unidas sus células y a limitar tanto la pérdida de agua como la entrada de sustancias potencialmente irritantes.
Factores como la edad, la exposición solar, determinados productos cosméticos, los cambios hormonales o el estrés pueden afectar a su equilibrio.
¿Cómo saber si la barrera cutánea está alterada?
Según Rocío Lajarín, «aunque hay algunas manifestaciones más frecuentes que otras, no es necesario tenerlas todas. Sin embargo, si identificamos dos o tres de ellas, conviene prestar atención y revisar cómo estamos cuidando nuestra piel».
Entre las principales señales destaca las siguientes:
- Sequedad persistente. Si la sensación de sequedad o tirantez reaparece poco después de aplicar una crema hidratante, puede existir una mayor pérdida de agua a través de la piel.
- Ardor o escozor con productos que anteriormente se toleraban bien. Una mayor reactividad frente a cosméticos habituales puede ser indicativa de una barrera comprometida.
- Enrojecimiento frecuente. Puede manifestarse especialmente ante cambios de temperatura, viento o determinados productos.
- Picor. El frío, el calor, la calefacción, el aire acondicionado o los ambientes muy secos pueden intensificarlo.
- Descamación o textura irregular. Ante estos síntomas, aumentar la exfoliación no siempre resulta adecuado y puede incrementar la irritación.
- Mayor reactividad ante estímulos cotidianos. La piel puede comenzar a responder de manera más intensa ante determinados tejidos, productos de limpieza o incluso el agua.
- Aparición o empeoramiento de brotes e irritaciones. Una barrera alterada puede relacionarse con una mayor sensibilidad e inflamación. No obstante, el acné y las dermatitis pueden tener múltiples causas, por lo que este síntoma por sí solo no permite determinar que exista un problema en la función barrera.
- Marcas e irritaciones que tardan más en desaparecer. La inflamación mantenida también puede favorecer la aparición de hiperpigmentación postinflamatoria en las pieles con mayor tendencia a pigmentarse.
- Peor tolerancia a determinadas agresiones ambientales. Puede aparecer con mayor facilidad sensación de calor, tirantez o enrojecimiento ante la exposición solar. La protección frente a la radiación ultravioleta continúa siendo fundamental.
Cuidado de la barrera cutánea
Dentro de su propuesta para el cuidado de estas pieles, Alma Secret cuenta con Cellular Recovery, un sérum formulado, entre otros componentes, con ceramidas y ectoína.
La fórmula incorpora también un complejo de péptidos de colágeno vegano al 5 %, ácido hialurónico multimolecular, hongo Tremella, coenzima Q10, Haematococcus pluvialis y extractos de caléndula, malva, manzanilla y edelweiss. Según la compañía, está formulado para todo tipo de pieles y no contiene aceites.
Más allá del uso de un producto concreto, Lajarín pone el acento en los hábitos cotidianos:
«Recuperar la barrera cutánea no depende únicamente de utilizar un buen tratamiento, sino también de evitar aquellos hábitos que pueden seguir comprometiéndola. Conviene apostar por una limpieza suave, evitar el agua excesivamente caliente y no abusar de exfoliantes o activos potencialmente irritantes cuando la piel está sensibilizada. También es fundamental protegerla cada día de la radiación solar y prestar atención a cómo responde a cada producto. En estos casos, simplificar la rutina suele ser una buena decisión: menos productos, pero mejor elegidos, y sobre todo, mucha constancia», explica Rocío Lajarín.



