Por Mª Jesús Álava Reyes, presidenta de Apertia-Consulting y de la Fundación María Jesús Álava Reyes. También dirige el Centro de Psicología Álava Reyes y el Instituto de Bienestar Psicológico y Social

¡Cómo separarnos bien!

Por Mª Jesús Álava Reyes, presidenta de Apertia-Consulting y de la Fundación María Jesús Álava Reyes. También dirige el Centro de Psicología Álava Reyes y el Instituto de Bienestar Psicológico y Social

Es posible que algunas personas se extrañen del título de este artículo, pero tanto los que han sufrido directa o indirectamente una separación, como los profesionales que trabajamos en este ámbito, todos somos muy conscientes de las dificultades y los obstáculos que conllevan las rupturas.

A veces resulta sorprendente ver como personas que hasta hace poco tiempo parecían quererse, de pronto se transforman y se convierten en enemigos irreconciliables. En algunos casos, han pasado del amor al desamor; en otros, del afecto al dolor; del interés a la indiferencia; pero lo que aún resulta más preocupante es que en muchas parejas se produce una especie de mutación, que les lleva a odiar a la persona que tiempo atrás habían ensalzado, querido y hasta idolatrado.

¿Qué ocurre para este cambio tan drástico?, ¿cómo es posible que pasemos del enamoramiento más profundo al odio más sangrante?

El primer factor que influye de forma decisiva en esta “transformación” es la falta de sincronización o en el acuerdo del final de la pareja. Es muy difícil que ambos miembros se “desenamoren” a la vez.

Lo habitual es que uno sienta que ya no quiere al otro, que no le compensa seguir juntos, que la convivencia le resulta insoportable… o, directamente, que se sorprenda enamorándose de otra persona, mientras que su pareja aún puede sentirse ligada afectivamente y desea que la relación continúe.

Casi sin darse cuenta, el miembro de la pareja que quiere separarse empieza a ver a la otra persona como un obstáculo, e internamente convierte a su pareja, en su enemigo/a; esa persona que le impide vivir su situación actual; en definitiva, en un obstáculo a batir.

Hay personas que confunden amor con posesión

El sentimiento de posesión o pertenencia que se da en alguno de los integrantes de la pareja, con frecuencia termina destruyendo la relación.

En estos casos, lo que ocurre es que de forma poco racional uno de los dos puede sentir que la otra persona es de su propiedad, en el sentido de que “debe” estar siempre a su lado y a su servicio. En estos casos, las situaciones pueden ser muy extremas y dar paso a hechos a veces dramáticos.

No admiten que la otra persona puede pensar que no le compensa seguir con nosotros, y que tiene todo el derecho de decidir en cada momento qué hacer con su vida; en consecuencia, si creemos que somos “dueños” de alguien, no trataremos a esa persona como a un ser humano, sino como a una posesión, y ese será el principio de uno de los errores más dramáticos que podemos cometer, y que dará lugar a comportamientos tan irrespetuosos, como  injustos e irracionales.

«En algunos casos, han pasado del amor al desamor; en otros, del afecto al dolor; del interés a la indiferencia; pero lo que aún resulta más preocupante es que en muchas parejas se produce una especie de mutación, que les lleva a odiar a la persona que tiempo atrás habían ensalzado, querido y hasta idolatrado».

Qué otros factores influyen en las separaciones o rupturas

Con frecuencia, nos encontramos con personas que no toleran sentirse “desplazadas” o “sustituidas” por otras personas. Aquí tendríamos a las parejas que pueden entender que su relación esté en crisis y se pueden plantear qué pueden hacer para solucionarlo, pero no admiten que les abandonen por otra persona.

Entre los ejemplos más comunes están los que nos señalan que “Yo puedo admitir que necesites tiempo para centrarte y ver cómo podemos solucionar nuestros problemas, pero no te consentiré nunca que me abandones por alguien que acaba de aparecer en tu vida y quiera aprovecharse de todo lo que tenemos”. Esta u otras frases parecidas las escuchamos muchas veces en el transcurso de una separación:  Por ej. “pero ¡cómo me has podido hacer esto a mi!”, “eres un ser deleznable”, “no tienes derecho a vivir”, “cómo me has traicionado de esta manera”… De nuevo estas palabras obedecen a ese sentimiento de que nuestra pareja “no tiene derecho a enamorarse de otra persona”.

Es muy lógico que a veces aparezca esa desesperación, incluso ese sentimiento de sentirse injustamente tratado/a, pero ello no debe llevarnos a una confrontación, en la que nuestro objetivo final sea hacer “sangre”, en lugar de centrarnos en tratar de superar la crisis.

Claves que nos pueden ayudar en estas situaciones críticas

Hemos comentado varias veces en esta sección que no podemos imponer los sentimientos; es decir, no podemos pedir a alguien que esté siempre a nuestro lado, cuando su afecto hacia nosotros ha terminado; pero si podemos y debemos intentar llegar a acuerdos razonables, que se sustenten siempre en el respeto hacia la otra persona.

Algunas claves nos pueden ayudar en estas situaciones tan críticas:

  • Si la pareja siente que es incapaz de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos, lo mejor que pueden hacer es pedir ayuda a un profesional especializado, que les facilite esa difícil transición. Aquí la figura del mediador puede ser crucial.
  • Cuando haya que realizar separación de bienes o liquidación de gananciales, la pareja intentará tener el mismo abogado, para que busque puntos de encuentro, en lugar de situaciones de enfrentamiento. Con el objetivo de evitar suspicacias, en el sentido de que ese abogado pueda favorecer más a uno u otro de los integrantes de la pareja, se puede acudir a un profesional de reconocida solvencia que no les conozca previamente y con el que no hayan tenido ninguna relación.
  • Si la pareja tiene niños, será crucial la intervención de un psicólogo que les ayude a encauzar todo el proceso: cómo decírselo a los hijos, cómo prevenir y adelantarse a sus reacciones, cómo favorecer su aceptación de la situación, cómo les pueden ayudar ambos padres, cómo actuar después de la separación, qué pautas deben seguir para que los niños no se resientan… Esto es muy importante y cuando ambos padres lo hacen, los resultados son muy positivos.
  • En definitiva, es mucho lo que podemos hacer para que una ruptura no se convierta en una situación tan injusta como insostenible.

«Nunca debemos utilizar a los hijos en una separación».

Pero ¿qué podemos hacer cuando la pareja se cierra a cualquier tipo de acuerdo o diálogo?

Sin duda, habrá lectores que se pregunten qué pueden hacer cuando uno de los dos miembros se cierra a cualquier tipo de acuerdo o diálogo con la pareja. Ser muy conscientes de que esta es una de las situaciones que más pueden condicionarnos la vida. En esos casos, más que en ningún otro, no podemos improvisar, ni actuar bajo los efectos de la impulsividad o la desesperación. Cuando la pareja se cierra a cualquier tipo de acuerdo o diálogo deben pedir ayuda profesional para poder afrontar la separación en las mejores condiciones, para no perder el equilibrio emocional, para no hundirse en los momentos de adversidad, para no entrar en una espiral de violencia o destrucción, para saber afrontar esas situaciones tan delicadas, especialmente cuando hay niños implicados, pues recordemos que nunca debemos utilizar a los hijos en una separación, pero si uno de los dos integrantes lo hace (y desgraciadamente esto ocurre con frecuencia), la otra persona necesita saber cómo debe actuar para contrarrestarlo y conseguir que los hijos no sean las víctimas de una confrontación irracional, de una actitud de venganza o un egoísmo profundo; en definitiva, que no sean víctimas de la irresponsabilidad e inmadurez de al menos uno de los padres.

El hecho es suficientemente grave e importante, como para no dudarlo y pedir ayuda profesional.

Reflexión final

¡Podemos separarnos bien!, aunque no es sencillo lograrlo, pero la separación es una ocasión única para demostrar que, por encima de todo, quien fue objeto de nuestro amor no debe convertirse en blanco de nuestro odio.