Del presentismo al trabajo inteligente: buscando el bienestar laboral

Por Guillermo Taboada Martínez, CEO del World Happiness Fest.

“La pandemia ayuda de forma acelerada a desterrar la idea del presentismo asociada a un modelo de gestión obsoleto”.

El presentismo laboral se define como la presencia de los trabajadores en sus puestos de trabajo más allá de su horario normal. Es habitual encontrarnos en la cultura de las organizaciones el concepto de quien más horas pasa en el trabajo produce más y es mejor profesional, en definitiva, se premia al “presentismo” por considerarlo un factor clave para la consecución de los objetivos.

¿Qué es el presentismo?¿qué nos aporta?, Simplemente unos datos son suficientes para posicionarnos al respecto:

  • Primeras 6 horas de trabajo: las más creativas y productivas.
  • Siguientes 6 horas:  se pierde de forma progresiva el interés y disminuye el rendimiento.
  • Después de 9 horas:  agotamiento evidente, la calidad inexistente y el rendimiento mínimo.
  • Después de 12 horas no hay ni productividad, ni concentración, ni energía, ni pasión…

Dentro de la cultura del presentismo tenemos dos roles diferenciados:

1.- El directivo que lo premia es porque él fue presentista ayer y lo sigue siendo hoy: no son conscientes de que, al no tener más vida que la laboral, sus niveles de felicidad, creatividad e innovación merman ostensiblemente

2.- El trabajador es presentista por ser víctima de una mala organización, porque temen por su puesto de trabajo y creen que, por estar más tiempo, tienen menos probabilidades de salir de la organización. Suelen ser profesionales con una clara tendencia a procrastinar sus tareas.

Y, por otro lado, tenemos el profesional del siglo XXI, que es un colaborador que aporta valor a la organización desde su “saber hacer” y desde “hacer lo que debe hacer”. Tiene unos objetivos claros, enfocado al negocio, con hábitos que le permiten mejorar y realiza todo ello con pasión. Son personas comprometidas, flexibles, innovadoras, con velocidad de cambio y capacidad de auto aprendizaje.

“En definitiva, son profesionales orientados a la productividad, a la creación de valor en las organizaciones a través del desarrollo del talento, que se mueven con indicadores objetivos, en ambientes laborales agradables y son embajadores del proceso de transformación digital que caracteriza el momento que estamos viviendo”.

La pandemia originada por el COVID19 ha puesto de manifiesto la falta de implantación en la mayoría de las organizaciones de procesos y protocolos para trabajar en remoto, así como las dificultades de trabajadores y directivos sobre cómo organizarse.

A pesar de estas carencias el proceso se ha acelerado de forma drástica, pasando del Presentismo al “telepresencialismo”, a través del desarrollo del teletrabajo, que es una forma flexible de organización de las tareas consistente en el desempeño de la actividad profesional sin la presencia física del profesional en la organización durante una parte importante de su horario laboral.

“Y decimos “telepresencialismo” y no teletrabajo porque el proceso se ha realizado sin la formación, la cultura organizacional y las herramientas adecuadas, llevando a millones de personas a realizar durante la pandemia la jornada laboral líquida, en la que desaparecen los horarios fijos y se tiende a echar muchas más horas delante de la pantalla”.

Desde nuestro punto de vista existen tres máximas en la productividad que dejan claro la necesidad de un cambio de modelo de gestión del  talento: cuánto más controles a tu equipo, menos eficiencia tendrá; las personas solo pueden ser responsables por lo que se espera de ellos; y los comportamientos que recompenses serán tus valores.

Por tanto, para que el teletrabajo se convierta en trabajo inteligente o Smart Work es necesario el cumplimiento de las tres máximas de la productividad y de una serie de habilidades y competencias que hay que aprender. Es fundamental aprender metodologías ágiles, formas de ordenar prioridades, sistemas y flujos de trabajo con personas deslocalizadas y trabajar en equipo de forma proactiva y colaborativa a través de plataformas de gestión.

“En el trabajo inteligente la persona puede elegir si encender su ordenador un martes por la mañana o un domingo de madrugada, y lo importante es que alcance los objetivos que se han establecido y complemente su desarrollo personal, para lo cual, la organización pone a su disposición todas las herramientas digitales necesarias y le da la formación oportuna”.

Las ventajas que supone para los trabajadores son una mayor flexibilidad, autonomía y una mejora de la conciliación con la vida personal. Para las organizaciones supone más productividad, más eficiencia, cuenta con personas más motivadas y pueden acceder al mejor talento al no limitarse a la zona geográfica donde está situada la organización. Además del obvio ahorro en espacios físicos en oficinas. Según el Stanford Institute for Econonomic Policy, los equipos que trabajaban en remoto son un 13% más eficientes que en el periodo anterior y el INE afirma que los teletrabajadores aumentan su productividad entre un 5% y un 25% respecto a los presenciales, si bien somos capaces de convertir el teletrabajo en trabajo inteligente, no en “telepresencialismo”.

“Estamos convencidos que la adecuada combinación del trabajo inteligente contribuirá a mejorar el clima laboral en las organizaciones, el talento y, cómo no, el bienestar de las personas que las componen”.

Un incremento de un 10% de la productividad doblaría el beneficio de la mayoría de las empresas” Peter Drucker.