Redacción ‘MS’- Las arritmias cardiacas son alteraciones del ritmo del corazón. En algunos casos provocan palpitaciones, mareos, cansancio o pérdida de conocimiento. En otros, sin embargo, no producen síntomas claros y pueden permanecer ocultas durante meses o incluso años.
Esa evolución silenciosa es uno de los principales problemas. Cuando una arritmia se mantiene en el tiempo, el corazón puede cambiar: sus cavidades pueden dilatarse, el músculo cardiaco puede desarrollar zonas de fibrosis o cicatriz y pueden aparecer nuevos circuitos eléctricos que favorecen que la arritmia se mantenga. A este proceso se le conoce como remodelado cardiaco.
Por eso, detectar una arritmia a tiempo no solo permite iniciar antes el tratamiento. También aumenta las posibilidades de actuar cuando el corazón todavía conserva unas condiciones más favorables.
Así lo detalla IMQ a través de un reciente comunicado.
«Los resultados de las ablaciones suelen ser mejores cuanto antes se trata al paciente. El corazón no es igual al inicio de la arritmia que después de meses o años conviviendo con ella».
Doctor Jesús Daniel “Txules” Martínez Alday, cardiólogo electrofisiólogo especializado en arritmias de la Clínica IMQ Zorrotzaurre.
El especialista forma parte del equipo de electrofisiología cardiaca de IMQ, integrado también por los doctores José Miguel Ormaetxe Merodio, Íñigo Sainz Godoy y María Fe Arcocha Torres.
La prevención y el diagnóstico precoz se enmarcan en la iniciativa ‘Lo primero, prevenir’, impulsada por IMQ para reforzar la prevención como uno de los ejes de su estrategia sanitaria.
Fibrilación auricular: frecuente, silenciosa y con riesgo de ictus
La fibrilación auricular es la arritmia más frecuente en las personas de mayor edad. Se estima que afecta a entre el 4% y el 5% de la población mayor de 40 años, lo que supondría alrededor de 60.000 personas en el País Vasco.
No todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento. Algunos requieren únicamente seguimiento cardiológico. Otros precisan fármacos, anticoagulación o procedimientos dirigidos a controlar o eliminar la arritmia y recuperar un ritmo cardiaco adecuado.
Su importancia no se limita a las palpitaciones o a la sensación de ritmo irregular. La fibrilación auricular aumenta el riesgo de formación de coágulos dentro del corazón. Si uno de esos coágulos se desplaza al cerebro, puede provocar un ictus.
En Euskadi se producen aproximadamente 3.000 ictus cada año y se calcula que una quinta parte, alrededor de 600 casos anuales, está relacionada con la fibrilación auricular.
«Identificar pronto a estos pacientes es fundamental. La fibrilación auricular puede provocar embolias e ictus y, además, un tercio de las personas afectadas no presenta síntomas y desconoce que sufre una arritmia», advierte el doctor Martínez Alday.
El cribado es especialmente relevante en personas con hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo u otros factores de riesgo cardiovascular. En este punto, tanto la atención primaria como las consultas de Cardiología desempeñan un papel clave.
«Los factores de riesgo clásicos del infarto también aumentan el riesgo de desarrollar arritmias. Son pacientes en los que conviene estar especialmente atentos», añade el especialista.


























































