Mujer joven haciendo un corazón al sol

Salud mental y enfermedad cardiovascular: una relación muchas veces olvidada

Redacción ‘MS’- Hasta hace unas décadas, se entendía el concepto de salud únicamente como la ausencia de enfermedades y dolencias corporales. Comprendido así, sin embargo, se ignoran factores clave del bienestar humano, como su ambiente y su vida emocional y psicológica. Tanto es así, que la Organización Mundial de la Salud definió a la salud en el preámbulo de su Constitución como el «estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

En esta misma línea, el Consenso de Expertos de la Sociedad Europea de Cardiología, en su último congreso europeo y mundial, celebrado en Madrid, ha definido recientemente al bienestar mental como el estado que permite a las personas hacer frente al estrés diario, utilizar sus capacidades, aprender a trabajar de manera eficaz y contribuir a su comunidad.

Así lo detalla IMQ a través de un reciente comunicado.

«Tradicionalmente, la cardiología y otras muchas especialidades médicas han sido muy biologísticas, centrándose —en el caso de la cardiología— en la reperfusión coronaria en caso de problemas coronarios, el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, en la valoración de las valvulopatías, en las arritmias y otros trastornos, pero dejando los problemas de salud mental a otros especialistas. Tan sólo tímidamente se le ha dado trascendencia  y trabajado en ciertas secciones, como en las unidades de rehabilitación cardíaca y en las unidades postrasplante cardíaco», apunta el Dr. Juan Carlos Ibáñez de Maeztu, cardiólogo de IMQ, en el marco de la iniciativa ‘Lo primero, prevenir’, puesta en marcha recientemente por IMQ para potenciar la prevención como eje vertebrador de su estrategia sanitaria.

«Sin embargo», añade el experto, «cada vez se tiene más constancia de la importancia de la salud mental, no solo en el riesgo cardiovascular sino en los posibles trastornos mentales que pueden derivar de la enfermedad cardiovascular».

Cómo impacta la salud mental en el riesgo cardiovascular

El bienestar mental, definido como optimismo general, satisfacción personal y sensación de bienestar en la vida, ha demostrado estar asociado a un menor riesgo cardiovascular.

«Existen, sin embargo, en la vida cotidiana, múltiples situaciones que pueden impactar en la salud mental, como el estrés psicosocial, el estrés laboral, el desempleo, la percepción subjetiva del estatus socioeconómico, la percepción de discriminación, las experiencias adversas o traumáticas durante la niñez, la violencia de pareja o la soledad, y el aislamiento social».

Dichas situaciones pueden derivar, en algunos casos, en trastornos mentales como depresión o ansiedad entre los más frecuentemente identificados.

A continuación, el cardiólogo de IMQ expone algunos de los efectos que los trastornos de salud mental, según dicho Consenso, pueden ocasionar en la salud cardiovascular.

  • Depresión. Se asocia de manera independiente con un aumento del riesgo de la enfermedad cardiovascular, en particular de insuficiencia cardíaca, aparición de fibrilación auricular y su recurrencia. Entre los factores causantes en relación con la depresión se han sugerido: menos actividad física, menos hábitos alimenticios cardiosaludables y mayor aislamiento social, entre otros.
  • Trastorno de ansiedad. Se ha asociado a un aumento del riesgo cardiovascular: arritmias, insuficiencia cardíaca y mortalidad cardiovascular. Se ha relacionado con una pobre adhesión a hábitos cardiosaludables y, sobre todo, al tabaquismo.
  • Trastorno de estrés postraumático. Se ha relacionado con un incremento entre el 20% y el 50% del riesgo cardiovascular, incluyendo insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y mortalidad cardiovascular.
  • Enfermedad mental grave, sobre todo esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión mayor o recurrente, entre otras. En los casos de enfermedad mental grave, el riesgo aumenta ostensiblemente. Se ha demostrado el aumento del abuso del tabaco en casos de esquizofrenia y de hipertensión en pacientes con trastorno bipolar. Además, algunos tratamientos provocan un aumento del peso o desregulación metabólica. Y algunos fármacos tienden aumentar el intervalo QT corregido, con riesgo de alteración del ritmo cardíaco. En estos casos, también puede darse un aumento de los marcadores de la inflamación que se suelen asociar a hábitos de vida poco saludables, como dieta inadecuada, obesidad, sedentarismo, trastornos del sueño, baja adhesión a la medicación, tabaquismo y el abuso del alcohol o de otras sustancias de abuso.

Cómo impacta la enfermedad cardiovascular en la salud mental

A la inversa, un problema del corazón también puede afectar a la salud mental. Dos casos comunes que explica el Dr. Juan Carlos Ibáñez de Maeztu son:

  • En primer lugar, los episodios cardíacos agudos como el infarto de miocardio o las arritmias pueden provocar respuestas emocionales negativas, como temor, ánimo depresivo, trastorno de ansiedad e, incluso, síndrome de estrés postraumático.
  • En segundo lugar, la enfermedad vascular crónica —como la insuficiencia cardíaca— pueden dar como resultado una alteración de la autoestima y una mayor necesidad de dependencia.
  • La prevalencia estimada de síntomas depresivos tras un síndrome coronario agudo se estima en un 40% de mujeres y un 22% en hombres de menos de 60 años tras hospitalización; y de un 21% de mujeres y un 15% de hombres de más de 60 años tras hospitalización. Asimismo, tras 6 meses post-hospitalización, el 32% de mujeres y el 21% de hombres sufren este trastorno.
  • En el caso de insuficiencia cardíaca, la prevalencia se estima en un 33% de mujeres y un 26% en hombres.
  • En el caso de trastornos de ansiedad, la prevalencia tras un síndrome coronario agudo se estima entre 22% y un 64% en mujeres y entre un 12% y un 42% en hombres.
  • En la insuficiencia cardíaca crónica, la prevalencia se estima en un 72%.
  • La depresión post-infarto de miocardio aumenta la probabilidad de eventos cardiovasculares. Y en la insuficiencia cardíaca, duplica dicha probabilidad.
  • La ansiedad a los 3 meses del infarto duplica la probabilidad de eventos cardiovasculares.
  • La fibrilación auricular presenta también síntomas de ansiedad en un 28% de los pacientes que lo padecen.

Consenso europeo sobre salud mental y enfermedad cardiovascular

«En la práctica clínica cardiovascular a menudo no se evalúa ni se integra sistemáticamente la salud mental en la atención del riesgo cardiovascular», apunta el Dr. Ibáñez de Maeztu.

Para hacer frente a esta realidad cotidiana en las consultas de cardiología, en el último Congreso Europeo de Cardiología se presentó un Consenso de Expertos sobre la salud mental y la enfermedad cardiovascular. Las propuestas de mejora emanadas de este documento se refieren a aspectos como:

  • Interiorizar la importancia de la detección de la enfermedad mental y de los trastornos derivados de la enfermedad cardiovascular en las consultas.
  • Evaluar sistemáticamente los síntomas mediante cuestionarios validados científicamente. Esto se debería realizar tanto en el periódo de hospitalización como en el ámbito ambulatorio.
  • Estudiar la posibilidad de organizar equipos “psico-cardio” que incluyan cardiólogos y profesionales de salud mental (psiquiatras, psicólogos, enfermeros, asistentes sociales y otros).
  • Implementar intervenciones centradas en la persona mediante medidas de asistencia escalonada que integrarían: una comunicación eficaz, intervenciones psicológicas, modificaciones de estilo de vida y, cuando sea necesario, derivación para tratamientos farmacológicos.

«Para aplicar estas medidas con éxito, los sistemas de salud deben normalizar la evaluación mental y psicosocial como parte de la asistencia cardiovascular, capacitar a los profesionales para abordar la salud mental de manera proactiva y reducir la estigmatización de la enfermedad cardiovascular y de los trastornos de la esfera mental, tanto en los pacientes como en la sociedad en general», destaca el Dr. Ibáñez de Maeztu.

La integración de estas recomendaciones en la práctica clínica habitual «es esencial para mejorar la adhesión a los tratamientos, los resultados y la calidad de vida general de los pacientes con enfermedad cardiovascular», concluye el cardiólogo de IMQ.