‘Muy Segura’ entrevista a Carolina Espejo Paeres, líder médica de Horus ML y cofundadora de la iniciativa AItheroscope. Su proyecto es ganador en los Premios a la Innovación Social de Fundación Mapfre.
¿Qué supone para usted el hecho de que su proyecto sea ganador en los Premios a la Innovación Social de Fundación Mapfre?
Ser ganadores de la novena edición de los Premios Fundación MAPFRE a la Innovación Social representa para nosotros un respaldo extraordinario y un reconocimiento de enorme valor, que llega en un momento especialmente significativo para el proyecto y para todo el equipo.
Nuestra principal preocupación, y nuestra mayor motivación, es conseguir que AItheroscope llegue a la práctica clínica real, a los médicos y, a través de ellos, a los pacientes. Existe un problema estructural bien conocido en la innovación sanitaria: muchos proyectos con sólido respaldo científico y tecnológico no logran trasladarse al ámbito asistencial y nunca llegan a impactar en la vida de las personas que más los necesitan. Ser finalistas nos ofrece la oportunidad de contar con los recursos para desplegar la herramienta más allá de los 18 centros en los que ya operamos, e impulsar la integración con los sistemas de información sanitarios autonómicos, que es lo que determina la incorporación efectiva de una herramienta al flujo asistencial.
A medio plazo, el objetivo es consolidar nuestra presencia en el sistema sanitario español y avanzar en los mercados internacionales. Este plan de crecimiento requiere un esfuerzo económico considerable, difícil de asumir para una empresa de nuestro tamaño, y es precisamente ahí donde este premio de Fundación MAPFRE tendría un impacto diferencial.
«Ser ganadores de la región europea de los Premios Fundación MAPFRE a la Innovación Social y alcanzar la fase final global representa para nosotros un respaldo extraordinario y un reconocimiento de enorme valor».
¿Puede contarnos en qué consiste?
Las herramientas de estratificación del riesgo cardiovascular empleadas actualmente en atención primaria se basan en factores clásicos como el sexo, la presión arterial, el colesterol o el tabaquismo. Aunque útiles, presentan limitaciones bien documentadas en la literatura científica. Una de las más relevantes es el peso desproporcionado que confieren a la edad: los pacientes más jóvenes quedan clasificados de forma casi automática como de bajo riesgo y, como consecuencia, excluidos de estudios diagnósticos más exhaustivos que permitirían evaluar su riesgo real.
El resultado es el infradiagnóstico de una proporción significativa de personas que ya presentan aterosclerosis subclínica, es decir, placa aterosclerótica detectable por imagen, pero aún asintomática. Estos individuos quedan fuera del radar del sistema sanitario, precisamente cuando más se beneficiarían de una intervención precoz.
Los datos respaldan la magnitud del problema: en un estudio clínico a gran escala que evaluó cerca de cinco millones de pacientes con infarto de miocardio, la mitad no presentaba síntomas de alarma previos al evento, y el 20% carecía de factores de riesgo cardiovascular clásicos. En la práctica clínica diaria, esto se traduce en que la mitad de los infartos ocurren en pacientes que las escalas convencionales habían clasificado como de bajo riesgo.
«La mitad de los infartos ocurren en pacientes que las escalas convencionales habían clasificado como de bajo riesgo».
El infradiagnóstico es especialmente grave en mujeres, y este es un problema que merece una reflexión específica. La enfermedad cardiovascular ha sido históricamente percibida como una enfermedad predominantemente masculina, lo que ha condicionado tanto el diseño de las herramientas de estratificación de riesgo como la actitud clínica ante síntomas que, en mujeres, con frecuencia se presentan de forma atípica o más silente. Junto a ellas, los adultos jóvenes constituyen otro colectivo especialmente vulnerable a este infradiagnóstico, por razones similares.
Ante este escenario, resultaba imperativo identificar una herramienta capaz de superar las limitaciones intrínsecas de los modelos de riesgo convencionales. Fue el doctor Juan Torres Macho, jefe de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Leonor, quien propuso una vía especialmente prometedora: la retina. Se trata de la única estructura del organismo que permite observar directamente los vasos sanguíneos sin procedimientos invasivos, sin radiación y sin contraste, constituyendo una auténtica ventana al estado vascular sistémico del paciente. Su hipótesis clínica era que la imagen retiniana contenía mucha más información sobre la salud cardiovascular de la que hasta entonces se estaba aprovechando.
Esa intuición conectó de forma inmediata con la necesidad que veíamos desde la Cardiología: detectar precozmente a los pacientes en riesgo antes de que el daño sea irreversible. Desde Horus ML aportamos la capacidad de la inteligencia artificial para extraer de la imagen retiniana información que el ojo humano no especializado difícilmente puede percibir. A partir de ahí, construimos un equipo multidisciplinar que integra cardiología, medicina interna, deep learning, ingeniería y desarrollo regulatorio, con una vocación clara desde el inicio: llevar la herramienta de verdad a la práctica clínica.
El resultado de todo este proceso es AItheroscope, una solución basada en inteligencia artificial capaz de detectar aterosclerosis subclínica mediante el análisis de retinografías no midriáticas, es decir, obtenidas sin necesidad de dilatar la pupila. Se trata de una modalidad de imagen ampliamente disponible, sencilla de obtener y que no requiere formación especializada, lo que permite su implementación en centros de atención primaria con un gran alcance poblacional.
«Resultaba imperativo identificar una herramienta capaz de superar las limitaciones intrínsecas de los modelos de riesgo convencionales».
¿Qué situación atraviesa en España la especialidad médica de Cardiología, qué avances destacaría y en qué aspectos aún encontramos barreras a superar?
La Cardiología atraviesa en España un momento de gran dinamismo, marcado por una demanda asistencial elevada y creciente, reflejo de la alta prevalencia de enfermedades cardiovasculares en nuestra población. Es una especialidad que permite una amplia diversificación en subramas que abarcan desde la práctica clínica hasta los procedimientos intervencionistas, la electrofisiología, la insuficiencia cardiaca avanzada o la imagen cardiovascular, y que se caracteriza por una capacidad de autocrítica y renovación constante a través de la investigación.
Entre los avances más relevantes de los últimos años cabe destacar la consolidación de la inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y la estratificación del riesgo cardiovascular, el desarrollo de nuevas terapias farmacológicas como los inhibidores de SGLT2 en la insuficiencia cardiaca o el auge de los procedimientos estructurales mínimamente invasivos como el implante de prótesis biológicas aórticas por acceso arterial (TAVI), y la incorporación de técnicas avanzadas de imagen multimodal que permiten una caracterización cada vez más precisa de la enfermedad cardiovascular.
No obstante, todos estos avances no deben desviar el foco de lo que tiene un mayor alcance e impacto social: la prevención primaria. Evitar la enfermedad antes de que se instaure y deje secuelas es lo que verdaderamente puede transformar el “pronóstico” de una sociedad en términos de esperanza de vida y, sobre todo, calidad de vida. Es precisamente esta convicción la que sustenta proyectos como AItheroscope, orientado a detectar y actuar sobre la enfermedad aterosclerótica en sus fases más tempranas, antes de que se desarrollen eventos como el infarto de miocardio o el ictus.
En cuanto a las barreras, la Cardiología comparte los retos estructurales que afronta la medicina en general: las listas de espera, la insuficiente inversión en recursos humanos y materiales, y la dificultad para trasladar la innovación científica al ámbito asistencial de forma ágil y equitativa. Superar estas barreras es un imperativo no solo clínico, sino también social y político.
«Todos los avances no deben desviar el foco de lo que tiene un mayor alcance e impacto social: la prevención primaria».
Al hilo de la cuestión anterior, ¿de qué manera se sirve la Medicina, y de modo especial la Cardiología, de los avances tecnológicos y, concretamente, de la IA?
La inteligencia artificial está transformando la Medicina de una manera que, hace apenas una década, habría parecido difícil de imaginar. Desde mi punto de vista, uno de los aportes más valiosos de la IA en el ámbito clínico es precisamente la experiencia: en Medicina, como en cualquier disciplina, la capacidad de analizar y diagnosticar un problema mejora exponencialmente con la exposición repetida a casos, imágenes y datos. La IA es capaz de procesar y aprender de millones de registros clínicos, imágenes diagnósticas y resultados, acumulando en un tiempo reducido una experiencia que ningún clínico podría alcanzar a lo largo de toda su carrera profesional.
En Cardiología, esta capacidad tiene implicaciones especialmente relevantes. Como hemos comentado, una de las grandes limitaciones actuales es la detección precoz de la enfermedad aterosclerótica en pacientes que las escalas de riesgo convencionales clasifican erróneamente como de bajo riesgo. La IA permite ir más allá de los parámetros clínicos tradicionales, identificando patrones sutiles en imágenes y datos que el ojo humano no entrenado difícilmente podría detectar. Es precisamente este principio el que subyace a AItheroscope: la capacidad de extraer de una imagen retiniana información vascular sistémica que hasta ahora permanecía invisible, ampliando así el alcance diagnóstico de la medicina cardiovascular preventiva.
Más allá de la detección precoz, la IA está aportando valor en múltiples frentes de la Cardiología: en la interpretación automatizada de electrocardiogramas, en el análisis de imagen cardiaca avanzada, en la estratificación del riesgo de arritmias o en la predicción de eventos adversos en pacientes con insuficiencia cardiaca, entre otros. En todos estos contextos, la IA actúa como una herramienta de apoyo al clínico, mejorando la eficiencia diagnóstica y aportando información complementaria que enriquece la toma de decisiones.
No obstante, es fundamental mantener una perspectiva crítica y responsable. La IA es una herramienta de extraordinario potencial, pero no un sustituto del juicio clínico. Su valor reside en la capacidad de complementar y potenciar la labor del profesional sanitario, no en reemplazarla. La validación rigurosa de estos sistemas, la transparencia en su funcionamiento y la supervisión clínica continua son condiciones imprescindibles para garantizar que su incorporación a la práctica asistencial se traduzca en un beneficio real para los pacientes.
«La IA permite ir más allá de los parámetros clínicos tradicionales, identificando patrones sutiles en imágenes y datos que el ojo humano no entrenado difícilmente podría detectar».
¿A qué ritmo avanza la investigación al respecto y cómo de alineada se encuentra ésta con sus posibilidades prácticas en el momento actual?
La investigación en prevención cardiovascular avanza a un ritmo notable. En los últimos años hemos asistido a una proliferación importante de estudios que exploran nuevas estrategias de detección precoz de patología cardiovascular, impulsados en gran medida por el desarrollo de la inteligencia artificial y las técnicas de imagen avanzada. Sin embargo, existe una brecha significativa y bien conocida entre el ritmo al que avanza la ciencia y la velocidad a la que esas innovaciones se traducen en herramientas accesibles y desplegables en la práctica clínica real.
Si ponemos como ejemplo el caso de la enfermedad aterosclerótica, ya hemos visto que hasta la mitad de los infartos de miocardio ocurren en pacientes que las escalas de riesgo convencionales habrían clasificado como de bajo riesgo. Pero hay además otro fenómeno igualmente relevante: cada vez acuden a las consultas de Cardiología pacientes más jóvenes, sin enfermedad cardiovascular establecida, que desean conocer su situación vascular real, retomar una actividad deportiva o simplemente están preocupados por sus antecedentes familiares. Este perfil de paciente, consciente y proactivo, pone de manifiesto una demanda creciente de herramientas de cribado que las escalas clásicas no son capaces de satisfacer.
Las alternativas disponibles actualmente presentan limitaciones importantes. La valoración ecográfica de placas de ateroma en arterias carótidas o femorales es una herramienta válida y bien establecida, pero su acceso es restringido: requiere derivación desde atención primaria a medicina especializada, condicionada a que el riesgo estimado por las escalas sea previamente significativo, lo que excluye a un gran sector de la población, y su realización e interpretación exigen la presencia de un especialista con formación específica en imagen vascular. No se trata, por tanto, de una herramienta extensible al cribado poblacional ni disponible en una consulta rutinaria de Cardiología.
«Cada vez acuden a las consultas de Cardiología pacientes más jóvenes, sin enfermedad cardiovascular establecida, que desean conocer su situación vascular real, retomar una actividad deportiva o simplemente están preocupados por sus antecedentes familiares».
La necesidad práctica es, por tanto, doble: disponer de una herramienta que detecte enfermedad real, no una mera estimación estadística del riesgo, en personas asintomáticas, y que esa herramienta sea desplegable en atención primaria, donde se atiende a la mayoría de la población, y no solo en hospitales terciarios a los que únicamente accede quien ya presenta síntomas. Esa combinación de detección de enfermedad real con escalabilidad para el cribado poblacional es lo que hasta ahora no existía, y es el espacio que ocupa AItheroscope.
El impacto potencial en términos poblacionales es especialmente relevante en zonas rurales o áreas con menor dotación de recursos sanitarios, donde la proximidad a un especialista o a una unidad de riesgo cardiovascular no siempre está garantizada. Con AItheroscope integrado en atención primaria, un facultativo no especializado puede ofrecer un cribado riguroso a su población, derivando a cardiología o a confirmación ecográfica únicamente a quienes realmente lo necesitan.
El principal reto al que nos enfrentamos no es tecnológico, sino organizativo y, en parte, cultural. Integrar una nueva herramienta en el flujo asistencial de atención primaria requiere protocolos claros, formación, integración con la historia clínica electrónica y, sobre todo, decisiones de política sanitaria sobre cómo y cuándo se ofrece. Estamos actualmente en conversaciones con varias comunidades autónomas para articular ese despliegue, con una aproximación basada siempre en la colaboración estrecha con los profesionales y gestores que conocen el sistema en profundidad. La demanda existe, es seria, y cada paso del proyecto, desde las colaboraciones con la Fundación de Investigación Biomédica del Hospital Universitario Infanta Leonor y del Sureste hasta los acuerdos con los 18 centros en los que ya estamos desplegados, lo confirma.
«El principal reto al que nos enfrentamos no es tecnológico, sino organizativo y, en parte, cultural».
Como líder médica y cofundadora de la iniciativa, ¿puede realizarnos una síntesis de su trayectoria profesional y qué significan para usted los hitos que ha alcanzado hasta la fecha?
Me licencié en Medicina y Cirugía por la Universidad de La Laguna y, tras valorar distintas especialidades, me decanté por la Cardiología. No fue una decisión casual: la Cardiología me cautivó por las múltiples opciones de subespecialización en diversos ámbitos y por la posibilidad de combinar la práctica clínica con la investigación, la imagen, la electrofisiología o la hemodinámica, entre muchas otras ramas. Era, y sigue siendo, una especialidad que te permite seguir creciendo y reinventándote a lo largo de toda la carrera profesional. Realicé la especialidad en el Servicio de Cardiología del Hospital Universitario San Carlos de Madrid y desde el principio supe que quería orientarme hacia la Cardiología Intervencionista. Para consolidar esa formación completé un Fellowship en el Hospital Clínico San Carlos obteniendo la acreditación en Hemodinámica y Cardiología Intervencionista de la Asociación de Cardiología Intervencionista de la SEC (Sociedad Española de Cardiología). En paralelo, amplié mi formación académica con un Máster en Cardiología Intervencionista por la Universidad Complutense de Madrid, un Máster en Estadística Aplicada a Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona y un Máster en Enfermedad Tromboembólica por la Universidad de Alcalá de Henares.
En el ámbito investigador, he sido beneficiaria de un contrato Río Hortega del Instituto de Salud Carlos III y actualmente estoy finalizando mi tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid sobre factores biológicos asociados a la trombosis valvular en pacientes sometidos a TAVI (implante percutáneo de prótesis biológicas aórticas), bajo la dirección del Dr. Carlos Macaya y la Dra. Pilar Jiménez Quevedo. He sido además profesora del Máster Universitario en Diagnóstico por la Imagen en Cardiología de la Sociedad Española de Cardiología.
En el plano asistencial, he tenido la oportunidad de ejercer en centros de referencia como la Fundación Jiménez Díaz de Madrid y el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, y en la actualidad desarrollo mi actividad clínica en los Hospitales Universitarios Ruber Juan Bravo y Quirónsalud Madrid. Cada uno de estos pasos ha supuesto un aprendizaje distinto y ha contribuido a conformar la visión clínica e investigadora que tengo hoy.
Pero si tuviera que señalar el hito que más significado tiene para mí en este momento, ese es sin duda AItheroscope. No porque sea el más reciente, sino porque representa algo diferente: la confluencia entre todo lo que he aprendido como cardióloga y la convicción de que la medicina puede y debe llegar antes, más lejos y a más personas. Ver cómo una idea que nació de una necesidad clínica real se ha convertido en una herramienta desplegada en 18 centros, reconocida a nivel europeo por Fundación MAPFRE y con presencia incipiente en Latinoamérica, es algo que me genera una satisfacción muy profunda. No solo como profesional, sino como médica que cada día ve en consulta a pacientes que podrían haberse beneficiado de una detección más precoz. Herramientas como AItheroscope nos dan la oportunidad de ofrecer a los pacientes una estimación más robusta de su riesgo cardiovascular, en el momento en que todavía podemos marcar la diferencia.
«El hito que más significado tiene para mí en este momento es, sin duda, AItheroscope».


























































