Por Mª Jesús Álava Reyes, presidenta de Apertia-Consulting y de la Fundación María Jesús Álava Reyes. También dirige el Centro de Psicología Álava Reyes y el Instituto de Bienestar Psicológico y Social
Vivimos en una sociedad muy sedentaria, donde la mayoría de los trabajos no requieren esfuerzos físicos importantes.
En las grandes ciudades, la mayoría de las personas cogen distintos medios de transporte para llegar a sus lugares de destino; por lo que, en general, caminamos poco.
Hoy, muchos niños y adolescentes, cuando han terminado su jornada escolar, en lugar de volcarse en juegos que requieran actividad física, se sientan delante de una pantalla durante horas.
Algo parecido puede pasarnos a muchos adultos, llegamos del trabajo y estamos deseando desconectar y descansar.
No obstante lo anterior, cada vez hay más personas que son conscientes de los peligros del sedentarismo, y el deporte y el ejercicio físico han pasado a formar parte de sus hábitos de vida.
En este artículo nos centraremos en los beneficios físicos y psicológicos del deporte.
En nuestra sociedad actual, ¿cuáles son los principales beneficios del deporte?
Están ampliamente descritos en múltiples estudios la cantidad de beneficios que proporciona el deporte, ya sean fisiológicos, sociales… Los beneficios del ejercicio van mucho más allá de las mejorías en la salud cardiovascular.
En este sentido, el deporte no sólo estimula físicamente a las personas, también lo hace a nivel cognitivo. Este hecho tiene una importancia crucial y que mucha gente desconoce, pero está comprobado como el ejercicio puede mejorar funciones como la concentración y la memoria.
Muchas personas se habrán sorprendido al comprobar cómo cuando están haciendo ejercicio, vienen a su mente las mejores ideas o las soluciones a problemas o preocupaciones que tenían.
En este sentido, desde la psicología sabemos que además de los beneficios para la circulación y para el sistema respiratorio, el ejercicio físico es capaz de regular el sistema nervioso.
¿Es cierto que el ejercicio previene o retrasa la aparición de enfermedades degenerativas?
La esperanza de vida ha aumentado en las últimas décadas, y en ocasiones este hecho se asocia con la aparición de un número mayor de enfermedades degenerativas como el Alzheimer. Bien, pues la práctica de ejercicio físico puede prevenir o retrasar la aparición de demencias.
En las enfermedades mentales, el deporte genera una mejora funcional y estructural de algunas de las regiones cerebrales. Estudios demuestran cómo el ejercicio puede modular el tejido cerebral, incrementando las células nerviosas en zonas críticas como el hipocampo (región del cerebro involucrada en el aprendizaje y la memoria y una de las más afectadas por el Alzheimer) o incluso actúa aumentando la densidad de las neurotransmisiones. Por si fuera poco, el ejercicio mejora la circulación de la sangre en el cerebro favoreciendo las conexiones neuronales.
En definitiva, la evidencia científica muestra que la actividad física regular puede mejorar nuestras funciones cognitivas; a la par que nos puede proporcionar numerosos beneficios psicológicos.
Qué otros beneficios psicológicos proporciona el deporte
Este es un aspecto muy importante; de hecho, hay personas que les extraña que cuando alguien está bajo de ánimo les recomendemos hacer ejercicio físico, pero desde la psicología sabemos que la realización de ejercicio físico es esencial para aumentar el bienestar psicológico, mejorando el estado de ánimo general, ya que estimula la producción de las hormonas opiáceas, como la betaendorfina y la beta-lipotropina, que se segregan en grandes cantidades durante el ejercicio físico. Estas endorfinas son neurotransmisores que comunican a las neuronas entre sí. Son sustancias peptídicas que se incrementan en momentos placenteros de la vida como alegría, emoción, placer sexual, ejercicio físico, por lo que tienen un efecto sedante y analgésico sobre el organismo y son las responsables de producir euforia. Son secretadas por la glándula pituitaria, ubicada en la base del cráneo y que regula la mayoría de las funciones corporales, entre ellas, el estado de ánimo. El ejercicio físico es capaz de activar la vía de creación de estas proteínas que actuarán sobre los receptores nerviosos. En definitiva, después de realizar ejercicio físico intenso, el cerebro produce estas endorfinas que aparecen como responsables de las sensaciones de alivio, calma y bienestar, además de mejorar el autoconcepto y la autoestima.
Se dice que el deporte mejora la autoestima. ¿Esto tiene alguna base científica?
Está ampliamente demostrado que el impacto del deporte en nuestra autoestima es mayor del que podríamos pensar.
Somos conscientes de que nuestra calidad de vida está muy limitada por nuestros hábitos cotidianos. Muchísimas personas tenemos un trabajo muy sedentario.
La falta de ejercicio físico en las tareas diarias, y en muchos casos el desapego con el deporte provocan una disminución funcional de la masa muscular, que lleva paulatinamente a la disminución de la capacidad de metabolizar ácidos grasos, por lo a menudo quien lo sufre no está conforme con su cuerpo y baja el grado de satisfacción con uno mismo.
En contraposición, la práctica regular de ejercicio físico, unido a una alimentación equilibrada y variada, hace que a la hora de obtener la composición corporal, el porcentaje muscular y graso sea el correcto, por lo que mejora la imagen corporal influyendo positivamente en lo que cada persona piensa de si misma (que es lo que llamamos autoconcepto) y la valoración que hacemos de ello (autoestima).
¿El deporte nos protegen a todos por igual de trastornos psicológicos?
El deporte es un factor de protección, pero actúa con más intensidad en las mujeres, pues la prevalencia de trastornos psicológicos como la depresión, la ansiedad y las enfermedades psicosomáticas se da en mayor medida entre las mujeres. En la depresión, por ejemplo, llegamos a tener hasta el triple de casos, y en la ansiedad prácticamente el doble y lo más preocupante es que no siempre se encuentran tratamientos preventivos.
La práctica de actividad física por parte de las mujeres ha demostrado ser efectiva como factor de protección ante estos problemas psicológicos, reduciendo su incidencia y mejorando su tratamiento. Estudios epidemiológicos demuestran la incidencia del deporte en la salud mental. Por ejemplo, cuanto más ejercicio se realice, menor riesgo de sufrir depresión. En este sentido, es muy importante la regularidad: está mucho más indicado el ejercicio regular que la práctica ocasional. Y por supuesto, tiene que estar supervisado y controlado por los correspondientes especialistas; añadiendo una higiene correcta, un estilo de vida ordenado, respetando los tiempos de descanso, una dieta sana, variada y equilibrada…
En definitiva, aquellas personas, ya fueran sedentarias o no previamente, que hacen actividad física regular, experimentan una mejora en su estado de ánimo debido, entre otras cosas, a las endorfinas.
Pero cuidado, que esto no tiene que implicar que nos vayamos al extremo opuesto, y hay personas absolutamente obsesionadas por la práctica del deporte, hasta el extremo de sacrificar otras áreas importantes de su vida y terminan experimentando descompensaciones que tienen un fuerte impacto en su vida personal, social, laboral y familiar.
Reflexión final
El deporte mejora el humor, las relaciones sociales, nos ayuda a evitar la monotonía y es uno de los recursos más accesibles para lograr bienestar físico y mental, siendo un hábito adecuado para la prevención de enfermedades físicas o psíquicas. Recordemos que con solo con 30 minutos diarios de actividad física se pueden producir cambios sustanciales. No hay que comprar nada en la farmacia, pero si tenemos que introducirlo como un hábito clave en nuestro día a día.

























































