Colegio de Mediadores

Del Colegio que representa al Colegio que acompaña

Por Alfonso Linares, Desarrollo de Negocio de Correduidea

Hay preguntas que no se pueden despachar con una respuesta rápida. Y una de ellas, quizá de las más importantes para la mediación profesional en este momento, es esta: ¿Qué papel debe jugar hoy un Colegio de Mediadores?

La pregunta parece sencilla, pero no lo es. Porque durante muchos años el contexto era otro. Hubo una época en la que la colegiación era obligatoria, y eso cambiaba por completo la relación entre el profesional y el Colegio. La pertenencia no se discutía, la participación tenía otra lectura y el propio modelo institucional se sostenía sobre una base mucho más amplia y estable.

Cuando algo es obligatorio, la pregunta principal no suele ser “¿me compensa?”. Se asume, se integra y forma parte del paisaje profesional. Como el recibo de la luz, las renovaciones de cartera o ese cliente que todos los años dice que se va… y luego se queda. Pero cuando la colegiación deja de ser obligatoria y pasa a depender de la voluntad, la percepción cambia y el colegiado ya no solo pertenece: elige pertenecer…

El Colegio tiene una serie de funciones imprescindibles: representar, defender, formar, ordenar, crear criterio profesional y dar voz a la mediación. Eso no debe perderse, de hecho, sería un error convertir el Colegio en algo diferente a eso o en una simple central de servicios. Pero también sería un error pensar que la representación institucional, por sí sola, basta para conectar con el mediador actual.

El agente o corredor de hoy necesita algo más cercano, necesita respuestas, orientación y que alguien le ayude a aterrizar los grandes discursos. Porque una cosa es hablar de transformación digital y otra muy distinta es sentarse con un colegiado y ayudarle a entender qué puede hacer mañana con su web, sus redes sociales, su base de datos, su equipo comercial o la inteligencia artificial.

Una cosa es organizar una jornada sobre ciberseguridad y otra es hablar con un mediador que no sabe cómo explicarle a una pyme que un ciberseguro no es “un antivirus con papeles”. Una cosa es decir que hay que vender más valor y otra es ayudarle a preparar una campaña, revisar su argumentario, detectar oportunidades en su cartera o mejorar la forma en la que comunica con sus clientes. Ahí es donde el Colegio se vuelve útil.

En mi experiencia, lo compruebo constantemente. La relación con los colegiados cambia cuando dejamos de aparecer solo para convocar, informar o recordar obligaciones, y empezamos a acompañar de verdad. Cuando un colegiado llama para hablar de un problema comercial, de una campaña que no sabe cómo enfocar o de cómo usar inteligencia artificial, está pasando algo importante. No está llamando a una institución fría, está llamando a alguien que siente cerca.

Y esa cercanía no se consigue con grandes discursos, se consigue con conversaciones.  Con respuestas, con ideas, con estar… Con coger el teléfono. Con entender que detrás de cada colegiado hay un negocio, un equipo, unos clientes y muchas decisiones que tomar. A veces, una conversación de veinte minutos aporta más valor que una jornada de tres horas.

Un Colegio activo entiende que la mediación ha cambiado, que ya no basta con ser profesional, tener buen producto y dar buen servicio. Eso, como suelo decir muchas veces, se da por supuesto. El verdadero valor está en acompañar al mediador en aquello que todavía no domina, pero que ya necesita.

Hoy el Colegio compite por la atención y la utilidad. Y ahí aparecen asociaciones, agrupaciones, comunidades digitales, redes sociales, webinars y hasta ese compañero que en LinkedIn parece tener solución para todo, incluso para lo que nadie le ha preguntado.

«Hay preguntas que no se pueden despachar con una respuesta rápida. Y una de ellas, quizá de las más importantes para la mediación profesional en este momento, es esta: ¿Qué papel debe jugar hoy un Colegio de Mediadores?».

No se trata de mirar a esas alternativas como enemigas. Al contrario, muchas están haciendo cosas muy interesantes. Pero sí debemos entender qué han sabido leer: el mediador quiere utilidad inmediata.

El Colegio tiene una ventaja enorme si sabe aprovecharla: puede unir lo institucional con lo práctico. Puede ser representación y también acompañamiento, defensa profesional y motor de desarrollo. Puede ser tradición y evolución, pero para eso tiene que activarse.

Revitalizar un Colegio no consiste en cambiar el logo, modernizar la web o abrir perfiles en redes sociales para publicar tres noticias y una foto de una firma de convenio. Eso puede formar parte del camino, pero no es el camino. Revitalizar un Colegio significa crear un proyecto real para aquellos que quieran dar un paso adelante. No todos tendrán el mismo punto de partida, ni los mismos recursos, ni la misma realidad territorial. Pero todos pueden hacerse una pregunta: ¿Estamos siendo tan útiles como podríamos ser?

A partir de ahí, el proyecto debe ayudar a convertir el Colegio en un espacio más cercano y conectado con las necesidades reales del mediador. Porque el mediador no necesita otro sitio donde le digan que el mercado está cambiando. Eso ya lo sabe, lo nota cada mañana. Necesita un sitio donde le ayuden a cambiar con él.

La cuota colegial no se defiende solo explicando lo que se está haciendo, se defiende consiguiendo que el colegiado lo perciba, lo use y lo valore. El retorno no puede quedarse escondido en una memoria anual, igual que una buena cobertura no puede quedarse perdida en una póliza que nadie lee. Hay que contarlo mejor, enseñarlo y traducirlo a utilidad.

El futuro de los Colegios no pasa por renunciar a su esencia, pasa por actualizar su forma de aportar valor, representar sigue siendo importante. Defender seguirá siendo necesario, formar seguirá siendo imprescindible, pero además habrá que acompañar, orientar, escuchar y ayudar al colegiado a desarrollarse profesional y empresarialmente.

Hoy toca construir pertenencia desde la utilidad, la confianza y la cercanía. Y eso exige pasar del Colegio que espera al Colegio que se mueve. Porque al final, una organización así no se revitaliza con un eslogan, se revitaliza cuando el colegiado siente que, al otro lado, hay alguien que habla su idioma y está dispuesto a ayudarle a avanzar. Y ese, precisamente, debe ser el proyecto.

Porque las cosas están cambiando muy rápido y no va a parar. Y el Colegio que viene no será el que espere a que los mediadores vuelvan, sino el que salga a su encuentro, les ayude a crecer y consiga que vuelvan a sentirse orgullosos de pertenecer.