Por Alfonso Linares, Desarrollo de Negocio de Correduidea
El otro día, en un evento del sector, oí la palabra IA tantas veces que empecé a sospechar que el café de la pausa venía con machine learning de serie. Lo curioso es que, entre tanto “ChatGPT por aquí” y “Gemini por allá”, la palabra “RGPD” apareció menos que un siniestro bien tramitado a la primera (sí, existe, pero hay que verlo para creerlo).
Y aquí está el problema real: se habla muchísimo de inteligencia artificial en seguros… pero no siempre se habla bien. En parte porque da miedo, y en parte porque algunos “gurús” aportan más ruido que valor práctico al mediador.
En nuestras formaciones con mediadores, hay un patrón que se repite: cuando empieza la sesión, el nivel medio de conocimiento suele ser bajísimo. Y no lo digo como crítica, sino como diagnóstico: no es culpa del mediador, es culpa del contexto, del “me suena” y del “ya lo miraré”. Porque una cosa es “haber probado ChatGPT” y otra es saber usar IA sin liarla con datos, con clientes o con la reputación. Y el sector, a veces, confunde “curiosidad” con “competencia”.
Todos sabemos que trabajamos con información hipersensible: datos personales, financieros, patrimoniales, siniestros… y muchas veces salud. Por eso, hay una frase que deberíamos tatuarnos en la pantalla (sin anestesia): “Abstenerse de incorporar datos personales a cualquier inteligencia artificial, eso puede acarrear más de un problema.”
Y aun así, seguimos viendo formaciones donde se enseña a “hacer prompts” y “ganar productividad” … pero sin hablar de qué datos puedes meter, cuáles no, cómo se anonimiza, qué herramientas son aptas, y qué controles mínimos hay que poner. Así que sí, puedes ahorrar tiempo redactando correos… pero como metas datos de un cliente donde no debes, ese ahorro te sale carísimo.
La presión regulatoria ya está aquí (y no, no es ciencia ficción). Mientras debatimos si la IA “quita empleo”, Europa está construyendo el carril bici… y nosotros vamos en patinete y sin casco.
Si 2023–2024 fue “el año de hablar de IA”, 2025–2026 está siendo “el año de demostrar que la usas con cabeza”. Porque una cosa es hacer un post en LinkedIn con un robot guiñando el ojo y otra muy distinta es que tu operativa, tus proveedores y tus datos aguanten una auditoría (o un incidente) sin que te tiemble el pulso. Y aquí es donde entra en juego el combo que va a marcar la agenda de todos los mediadores: Dora, IA Act y RGPD.
- DORA: la criba silenciosa (aunque no todos estén “dentro”) “¿Dora aplica a mediadores?” A algunos sí; a muchos, no directamente… pero les va a caer encima igual. Aquí hay un matiz importante que en el sector se está pensando regular:
Dora incluye a intermediarios en su ámbito… pero exime a los intermediarios que sean microempresas o pymes (SME), según el propio marco de exclusiones. ¡Pero ojo!: esa exención depende de umbrales (empleados, volumen o balance) y puede no aplicar si tu “tamaño real” (por grupo o actividad global) supera los límites.
Entonces… ¿por qué digo que será importante? Porque, aunque muchos mediadores queden fuera por tamaño, las compañías (y otras entidades) van a endurecer el listón a su cadena. Y aquí viene la criba real: no gana el que “dice” que hace ciber; gana el que puede demostrarlo sin improvisar.
- AI ACT: el “carné por puntos” de la IA (y alguno se va a quedar sin carnet) No viene a prohibirte usar IA. Viene a obligarte a usarla con gobierno y tendrá dos impactos claros para los mediadores:
“AI literacy” que ya aplica desde el 02/02/2025, proveedores y deployers (quien usa IA en su organización) deben tomar medidas para asegurar alfabetización en IA de su gente: entender qué IA se usa, riesgos, límites, aspectos legales/éticos, etc. Traducción a mediación: si en la oficina se usa IA, toca formación práctica, qué se puede hacer, qué no, cómo revisar resultados, cómo evitar sesgos y metidas de pata.
“High-risk” en seguros: vida y salud en el punto de mira. El AI Act clasifica como alto riesgo los sistemas de IA usados para evaluación de riesgo y tarificación en seguros de vida y salud (sobre personas físicas). Esto afectará de forma directa a aseguradoras y a quien despliegue herramientas de ese tipo; y de forma indirecta a mediadores cuando: Usen herramientas de tarificación/riesgo de vida/salud con componentes de IA, integren sistemas, alimenten modelos, automaticen decisiones o expliquen al cliente decisiones que vienen “semi-automatizadas”.
Y aquí viene tu frase (“se cargará a unos cuantos…”): no porque el AI Act sea “anti-IA”, sino porque obliga a instaurar trazabilidad, supervisión humana, controles y transparencia. Cuando eso llegue, el “yo subí una base de clientes para que me haga magia” se convierte en pasivo.
- RGPD: el ajo que lo liga todo (y el que más “pilla” al mediador en el día a día). Si Dora es “demuestra que eres resiliente” y el AI Act es “demuestra que gobiernas la IA”, el RGPD es el que te dice: minimiza datos, limita la finalidad y no “reutilices” información personal alegremente “porque la IA lo pide”. La AEPD, de hecho, ha publicado recomendaciones y materiales sobre uso responsable de IA con foco en privacidad (incluyendo evitar detalles que comprometan confidencialidad/datos personales).
Y esto encaja perfecto con la mediación, porque nuestro “combustible” son datos sensibles. Si el prompt lleva: nombre, póliza, siniestro y salud… no es un prompt, es un posible incidente.
Aquí está la lectura “de negocio” (la importante): Dora va a empujar a las compañías a segmentar mediadores en 3 grupos:
- “OK”: tienen mínimo de ciber/continuidad y responden evidencias sin sudar.
- “En observación”: buena voluntad, poca prueba. Se les pedirá plan y plazos.
- “Riesgo”: improvisación, proveedores sin control, accesos débiles, “IA con datos”. Menos apetecibles para integraciones, proyectos, acuerdos, y según el caso… hasta para ciertas operativas.
¿Es justo? A veces sí, a veces se pasará de frenada. Pero es lo que pasa cuando la regulación convierte la ciberseguridad en requisito de la cadena. Porque si el cliente te confía su información (y su tranquilidad), no puedes responderle con “Tranquilo, lo he metido en una IA que no sé dónde guarda las cosas… pero me ha escrito un texto precioso.”
La oportunidad es enorme, sí. Pero el orden importa: primero el método, luego la velocidad.


